Inicio Ritmo Personal Para Sibaritas Botín, el paraje gastronómico más antiguo del mundo

Botín, el paraje gastronómico más antiguo del mundo

“El horno es nuestra joya de la corona. Un horno que no se ha apagado nunca en 296 años”, alega Luis Javier Sánchez, director adjunto del restaurante.

Fotos: Fuente externa

Deleites culinarios, anécdotas memorables que aguardan risas e interesantes charlas, suelen ser de las imborrables huellas que aún perduran en el Restaurante Botín con 296 años de vigencia, considerado el más viejo de la gastronomía en todo el mundo. ¡Una verdadera joya histórica!

Madrid se engalana como la capital que ostenta la casa de comidas más longeva, siendo fundada en 1725 en la calle Cuchilleros #17. Inició como un clásico comedor abovedado de piedra expuesta, ofreciendo a los comensales platos castellanos al horno de leña, destacándose además, por tener una bodega del 1590.

A pesar de que en la actualidad se le conoce como Restaurante Botín o Casa Botín, en la fachada exterior se puede leer su letrero con el nombre de: “Restaurante Sobrino de Botín”. Esto se debe a que fue justamente un sobrino de Jean Botín –un cocinero francés, que se estableció junto a su esposa en la capital madrileña, para trabajar a la orden de algún noble de la Corte– que, en ese entonces, decidió abrir la pequeña posada después de realizarle algunas modificaciones.

Sin embargo, el propósito del mesón no era como el de los restaurantes actuales, ya que durante aquella época, tan sólo se cocinaban los alimentos que llevaban los huéspedes.

Restaurante Botín

“Musa” de obras literarias

El afamado escritor y periodista estadounidense, Ernest Hemingway, llegó a cautivar su paladar con las exquisiteces que continúan formando parte del menú de este epicentro culinario, incluso, plasmó en su libro “Fiesta” unas líneas sobre Botín, al aseverar que: “es uno de los mejores restaurantes del mundo”.

El premio Nobel de literatura (1954) narraba en la misma obra una de sus estadías en el lugar narrada desde la perspectiva de los personajes que integraban el tomo: “Comimos cochinillo y bebimos Rioja Alta. Brett no comió gran cosa. Yo me di un atracón y me bebí tres botellas».

No obstante, él no fue el único que incluyó al restaurante en una obra literaria. Por aquí también se pasearon autores de la talla de Benito Pérez Galdós, Ramón Gómez de la Serna, Graham Greene, James A. Michener, entre otros, quienes llevaron a comer a algunos de sus personajes a este bufé madrileño.

Hemingway mantuvo un estrecho vínculo con el que fue propietario del lugar, Emilio González, y de dicha relación, surgieron divertidos recuerdos, como la poca destreza en los fogones del cuentista. El antiguo dueño trató de enseñarle cómo se preparaba una paella, algo que no acabó muy bien, cuando Emilio le dijo: “Don Ernesto, vamos hacer una cosa, usted siga escribiendo libros y yo sigo cocinando, ¿le parece?”.

Restaurante Botín

A pesar de la fama que le pudo otorgar el Hemingway, lo cierto es que ya el restaurante tenía activo más de dos siglos, sin cambiar de dirección, ni menguar su actividad un solo día, muestra de ello fue su permanencia durante la Guerra Civil, siendo este uno de los factores más decisivos para el reconocimiento que le concedió los Records Guinness en 1987 por haber estado siempre operativo, a diferencia de otros restaurantes más antiguos.