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Mario Vargas Llosa: Escritor peruano, Nobel de literatura 2010

Padre excepcional.

Mario Vargas Llosa

Escritor peruano, Nobel de literatura 2010

Nuestras páginas de Ritmo Social rinden un homenaje a un hombre de letras, intelectual y nobel de literatura, quien hoy deja de lado su rol de escritor por uno que le enorgullece sobremanera: y es el de ser padre y abuelo.

texto Rosanna Rivera fotos Morgana Vargas Llosa y archivos de familia agradecimientos Gonzalo Vargas Llosa

Conversamos tranquilamente con don Mario y sus hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana, donde aquilatamos la unión que existe entre ellos y donde la cultura, el buen humor y la imaginación están presentes en todos los encuentros familiares de hijos y nietos que tanto disfrutan.

Gracias siempre don Mario, por el cariño y la confianza; entablar un diácon usted es un lujo, una experiencia única e irrepetible, un deleite a los sentidos y un ejercicio para la inteligencia inigualable.

Ritmo Social: Don Mario, este próximo domingo celebraremos el Día de los Padres en República Dominicana. ¿Cómo se ha sentido usted en su rol de padre?

Mario Vargas Llosa: La verdad es que cuando nos casamos con Patricia, yo no quería tener hijos. La idea de la paternidad me parecía que iba contra mi vocación de escritor. Pero luego vinieron Álvaro, Gonzalo y la propia Morgana, y me hicieron cambiar de idea. Lo cierto es que fueron muy divertidos y que entretuvieron mucho a sus padres cuando no estábamos trabajando.

RS: ¿Tendría una anécdota simpática para compartirnos de esos tiempos maravillosos que compartió con sus hijos?

MVL: La peor experiencia que tuve fue con Álvaro, recién llegados a Inglaterra. Mientras Patricia iba a sus clases de inglés, yo me ocupaba de darle a Álvaro una comida que consistía en un frasco helado de algo que tenía una apariencia amarillenta. Yo estaba escribiendo “Conversación en la Catedral”. Álvaro, que tenía solo un año, tragaba esa porquería que luego la vomitaba íntegramente. Total, que yo me pasaba la mañana dando mamaderas y limpiando los estragos en la casa. Fue la única experiencia melodramática, pero tengo muchos recuerdos entrañables. Ya en Barcelona tuvimos una niñera para Álvaro y Gonzalo, y para Morgana, a la que vi nacer, algo que había querido hacer con Álvaro y Gonzalo, pero en Lima la prohibición de que el padre asistiera al parto era categórica. Morgana nació cuando estábamos por partir de Barcelona y era muy pegada a mí. Nadie sospechaba entonces que tendría un carácter muy enérgico y que sería la verdadera autoridad en la familia. Gonzalo siempre fue el más silencioso, pero ha elegido muy bien y ahí están sus 30 años de ACNUR para probarlo. La verdad es que los quiero mucho a los tres y que si tuviera que empezar de nuevo, los procrearía ídem.

RS: ¿Usted puede decir que tuvo una relación tormentosa o armoniosa con su padre? ¿Cómo esto lo marcó?

MVL: Tuve una muy mala relación con mi padre. Yo lo conocí cuando tenía once años, porque mis padres se divorciaron antes de que yo naciera. Mi familia materna era una familia muy católica conservadora; entonces, a mí me ocultaron el divorcio de mis padres, y yo, hasta los once años, viví creyendo que mi padre estaba en el cielo, que se había muerto. Y de pronto, a los once años, mi madre me reveló que mi padre estaba vivo, porque se habían reconciliado secretamente.

Entonces, yo creo que todavía no me he recuperado de la impresión, que fue descubrir a los once años (risas) que mi padre estaba vivo y pues lo conocí e inmediatamente nos fuimos a vivir con él a Lima. Y a mí esa relación me marcó muchísimo, yo nunca me entendí bien con mi padre. Yo había sido un niño muy mimado por mi madre, por mis abuelos y mis tíos maternos, precisamente porque era un niño sin papá, y entonces de pronto, cuando nos fuimos a vivir a Lima, pasé a vivir bajo la autoridad, que era muy serena, muy estricta y mi padre veía con mucha desconfianza mis aficiones literarias.

Él pensaba que una vocación literaria era un pasaporte a la bohemia, hacia el fracaso en la vida y entonces me combatió muchísimo. Y yo creo que esa oposición fue muy importante para que yo me animara, leyera y escribiera, porque fue una manera de resistir su autoridad. Fue una manera de no dejarme aplastar por esa autoridad tan fuerte y tan autoritaria que él tenía. De tal manera mi padre, sin quererlo, y queriendo todo lo contrario, contribuyó mucho a afirmar mi vocación. Por otra parte, me hizo entrar a un colegio militar, que se llamaba “Leoncio Prado”, los tres últimos años de secundaria.

Era un colegio sometido a una disciplina militar que formaba parte del ejército, pensando que en un colegio de este tipo mi vocación literaria iba a desaparecer, porque pensaba, no sin razón, que había una cierta incompatibilidad entre la literatura y la vida militar, y en realidad lo que hizo fue darme el tema de mi primera novela que fue “La ciudad y los perros”, una novela que ocurre en un colegio militar y donde yo volqué muchas de las experiencias. O sea que, queriendo todo lo contrario, mi padre contribuyó mucho a mi vocación literaria.

“Mientras Patricia iba a sus clases de inglés, en Londres, yo me ocupaba de darle a Álvaro una comida que consistía en un frasco helado de algo que tenía una apariencia amarillenta. Yo estaba escribiendo “Conversación en La Catedral”.

 

RS: ¿Usted tiene algún ritual antes de escribir?

MVL: Bueno, yo tengo una rutina que respeto desde hace muchísimos años. Yo comienzo el día generalmente muy temprano y camino todos los días una hora; y esa hora, para mí, donde esté, es muy importante porque en esa hora yo preparo el trabajo del día, voy organizando las cosas que voy a hacer, muchas veces los temas que voy a desarrollar en el trabajo que esté haciendo. Es una rutina por siete días a la semana, 12 meses al año. Trabajo hasta las dos de la tarde y en la tarde trabajo hasta las seis de la tarde, pero el rendimiento mejor es en las primeras horas del día.

RS: Don Mario, ¿es usted supersticioso?

MVL: No, supersticioso no soy, pero recuerdo que un amigo decía: “No creo, pero tengo miedo: yo no paso debajo de una escalera”.

RS: Tengo entendido que usted disfruta mucho ir al cine.

MVL: A mí me gustan las buenas películas, pero tengo debilidad por las películas policiales. Por ejemplo, así como yo no leería novelas policiales, no me interesan nada, en el cine me divierten mucho. Me gustan mucho las películas de vaquero, que ya desgraciadamente no se hacen y después me gustan las películas de grandes creadores. Soy un gran seguidor de Visconti y Buñuel; entre los españoles Berlanga, que es uno de los cineastas modernos, creo que creó un mundo en condiciones muy difíciles porque eran unos años de censura. Pero en el cine me pasa lo que no me pasa con los libros: un mal libro no lo soporto; una mala película, si no es muy pretenciosa, yo la puedo ver. Con una película mala me puedo quedar hasta el final sin problemas.

RS: ¿Qué tipo de gastronomía usted prefiere a la hora de comer?

MVL: Me gusta la comida del fogón, la comida casera. No me gusta tanto la comida elaborada, sofisticada, experimental. Me gusta la comida de la olla y se come con cuchara de palo, como dicen en España. Me gusta mucho ese tipo de comida, que es la comida casera.

RS: Don Mario, ¿cree usted que la cultura es responsabilidad de los gobiernos o de los pueblos?

MVL: Yo creo que la cultural no debe ser exclusivamente responsabilidad de los gobiernos; debe ser una responsabilidad en conjunto de la sociedad, que todos digamos que tenemos que contribuir a que haya una cultura viva, creativa, en el mundo en el que vivimos. Hay un precio que pagar cuando la cultura es producto enteramente de la actividad estatal.

“tenemos que contribuir a que haya una cultura viva, creativa, en el mundo en el que vivimos. Hay un precio que pagar cuando la cultura es producto enteramente de la actividad estatal”.

RS: ¿Cree usted en la vida después de la muerte?

MVL: Mire, yo no soy creyente y al mismo tiempo me cuesta tanto imaginar que no existe ninguna forma de continuación o prolongación de la vida. ¡Cómo negarlo! Por eso me declaro un agnóstico; no soy un ateo, más bien un agnóstico que declara su perplejidad sobre lo que puede ser la trascendencia, el más allá. 

RS: Una frase de batalla que a usted lo identifique.

MVL: Es una frase de Flaubert que yo admiro mucho y que yo convertí en la divisa de mi vida, que es: “Escribir es una manera de vivir”.

RS: Un mensaje para los lectores de Ritmo Social en República Dominicana.

MVL: Mucho cariño y agradecimiento, pues le debo a la República Dominicana muchas cosas, grandes amigos, y cómo fue para mí escribir la novela “La fiesta del Chivo”.

“Mucho cariño y agradecimiento a esta hermosa tierra. le debo a la República Dominicana muchas cosas, grandes amigos y cómo fue para mí escribir la novela “La fiesta del Chivo”.



CONFESIONES ÍNTIMAS

NOMBRE COMPLETO: Jorge Mario Pedro Vargas Llosa
FECHA DE NACIMIENTO: 28 de marzo de 1936, en la ciudad de Arequipa, Perú
UN AROMA: El aroma del mar, sobre todo el de República Dominicana
LE GUSTAn LOS VINOS… El vino que más admiro es el vino español Vega Sicilia. He tomado maravillosos franceses e italianos, pero si tengo que escoger, sería un buen año del Vega Sicilia.

Testimonios de los hijos de don Mario Vargas Llosa:Álvaro, Gonzalo y Morgana

Gonzalo

RS: ¿Qué peso conlleva ser el hijo de un hombre tan brillante y universal como don Mario?

Gonzalo: Yo no lo llamaría “un peso”. Es algo de lo que me siento muy orgulloso. Admiro enormemente a mi padre como escritor y como creador. Me imagino que si yo también me hubiera dedicado a la literatura como profesión, a lo mejor me hubiese sentido presionado y con un gran “peso encima”. Afortunadamente para mí, me he dedicado a algo muy distinto, es decir, a ayudar a los refugiados. Mi padre siempre me ha apoyado mucho en mi labor humanitaria y, por ejemplo, me ha visitado en varios de los países donde he trabajado para las Naciones Unidas, como Pakistán, Afganistán, la ex-Yugoslavia, Panamá, República Dominicana, etcétera. 

RS: ¿Cuál entiendes sería el mayor legado les deje don Mario como familia? 

Gonzalo: Yo creo que el mayor legado que nos dejará serán sus valores: su honestidad, su amor y defensa de la libertad, y la importancia que siempre ha tenido para él la familia. Para mí también fue sumamente importante el hecho que mi padre –y mi madre– nunca intentaron imponerme nada y me dieron total libertad para escoger mis estudios y mi profesión. Yo, por mi lado, he seguido su ejemplo con mis hijas.

RS: ¿Cómo es don Mario Vargas Llosa en el trato cuando está con sus hijos y nietos?

Gonzalo: Por un lado, mi padre es una figura muy seria. A lo largo de mi infancia lo recuerdo encerrado en su escritorio en la casa diez o doce horas al día, siempre escribiendo o leyendo. Y si mis hermanos y yo hacíamos el menor ruido y lo sacábamos de su mundo de fantasía, aunque sea por unos minutos, los castigos eran severos (risas). Mi padre siempre nos inculcó desde muy pequeños la importancia del trabajo y del esfuerzo. Pero, por otro lado, también nos divertimos mucho con él: por ejemplo, le encanta ir al cine con nosotros y con sus nietos a ver películas de acción (siempre acompañado de las infaltables palomitas). Me acuerdo también que una vez, hace muchos años, mi padre se disfrazó de papá Noel durante una vacación familiar en las Islas Canarias y repartió regalos a todos sus nietos.

Álvaro

RS: ¿Qué peso conlleva ser el hijo de un hombre tan brillante y universal como don Mario?

Álvaro: Felizmente él y mi madre nos criaron de tal forma que nunca sentí que eso fuera un peso. Mi relación con mi padre ha hecho que siempre vea su éxito literario y su prominencia como figura intelectual con naturalidad y que asuma como parte del paisaje natural de las cosas el hecho de que eso conlleva ventajas y desventajas, que trae amigos y enemigos. Además, tenemos muchas cosas en común en la vida pública, por ejemplo, nuestra participación en una fundación que promueve la libertad en todos los campos, o incluso el periodismo, y eso hace que la experiencia común facilite las cosas.

RS: ¿Cuál entiendes sería el mayor legado les deje don Mario como familia? 

Álvaro: Precisamente eso, el sentido de familia. Ha sido siempre una persona con sentido de tribu a pesar de que su trabajo es solitario y de que cuando éramos pequeños, y más tarde adolescentes, su trabajo lo llevaba por temporadas a estar físicamente alejado. Es una ironía que él de joven dijera, según él mismo nos ha contado y otros lo han confirmado, que no quería tener hijos y que luego, al tenerlos, haya mantenido con nosotros una relación tan estrecha. Creo que él ha querido tener con sus hijos la relación que no fue posible tener con su propio padre. Un ritual anual que cumplimos durante muchos años fue hacer viajes en familia a lugares distantes. Como todos hemos vividos siempre muy dispersos por el mundo, esos viajes eran una buena manera de mantener a la tribu unida. Yo he tratado de hacer lo mismo con mis hijos.

RS: ¿Cómo es don Mario Vargas Llosa en el trato cuando está con sus hijos y nietos?

Álvaro: Se muestra siempre curioso e interesado en lo que hace cada cual; se alegra con los éxitos y se apena con las derrotas, cuando las hay. Recuerdo, en un viaje a las Canarias, que se disfrazó de Santa Claus para hacer creer a sus nietos que era Papá Noel, y lo consiguió durante unos minutos, hasta que una de sus nietas, creo que la hija mayor de Gonzalo, se dio cuenta. Fue muy divertido. Escribí una larga crónica sobre eso en una revista. El humor y la imaginación son las claves de la relación con los hijos y nietos. Otra es la cultura. Siempre hay libros, películas, exposiciones, conciertos, en la conversación familiar.

Morgana

RS: ¿Qué peso conlleva ser la hija de un hombre tan brillante y universal como don Mario?

Morgana: Independientemente de sus logros literarios, siempre he admirado la capacidad de trabajo y la disciplina de mi padre. Ese ejemplo de vida jamás podría representar un peso, sino, más bien, un motivo de orgullo y una gran responsabilidad. Me gustaría ser capaz de transmitirle esos mismos valores a mis hijas. 

RS: ¿Cuál entiendes sería el mayor legado les deje don Mario como familia? 

Morgana: En un plano colectivo, por supuesto, sus novelas. En un lugar más personal, el sentido de familia, de tribu, de permanecer unidos en medio de todas las tormentas y las felicidades. 

RS: ¿Cómo es don Mario Vargas Llosa en el trato cuando está con sus hijos y nietos?

Morgana: La faceta menos conocida de mi padre es que es dueño de un sentido del humor extraordinario. Eso es algo que tanto sus hijos como sus nietos celebramos a su alrededor, con mucho amor y, por supuesto, largas sobremesas y risas.

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