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Grace Kelly, la más bella de las princesas

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Grace Kelly, la más bella de las princesas

Fotos: Fuente externa

Más de un biógrafo asegura que Grace «nació con suerte: bella, talentosa, con un alto carisma sexual que le llevó a conquistar a los hombres más codiciados de Hollywood y del mundo. Tenía el dinero y la crianza para tenerlo todo» y lo tuvo. Pero el guión de su vida, que parecía pasearse entre el cuento de la princesa de rizos dorados e increíblemente bella que proponía Erdman Penner, y alguno que otro aspecto sensual de «Jessica Rabit», «no tuvo el esperado final feliz» que proyectaban las más importantes páginas de su historia.

Grace Kelly se convirtió en una de las pocas personas en impactar al mundo con dos grandes legados. Uno en el cine, donde todavía recuerdan a «Gracie», la mujer de fantasía de las películas, sofisticada y traviesa, que brillaba y reía. Y un segundo en el principado y las calles de Mónaco, donde llevó el glamour, luz, gracia, dignidad y diversión, haciendo de este un lugar más hermoso y mágico, por un momento brillantemente inolvidable.

Un poco sobre su infancia

Grace Patricia Kelly nació el 12 de Noviembre de 1929, convirtiéndose en la tercera de cuatro hermanos: Margaret «Peggy» Katherine (1925–1991), John «Kell» Brendan Jr. (1927–1985), Grace Patricia (1929–1982) y Elizabeth «Lizanne» Anne (1933–2009). De niña era tímida, introvertida, un poco reservada, sensible y para nada la «favorita de papá», según la BBC.

Su padre

Jack Kelly, el padre de Grace

Su papá, Jack Kelly, era de ascendencia irlandesa y muy ambicioso. Su firma de construcción «Brickworm» construyó la mansión donde vivió junto a su esposa e hijos en una zona élite de Filadelfia. En 1920 le negaron la entrada al evento de remo más ilustre del mundo, la Regata Real de Henley, porque «trabajaba con sus manos».

Movido por esto entró a los juegos olímpicos y desde entonces fue considerado uno de los remeros estadounidenses más exitosos en la historia del deporte de remo. Triple ganador de la medalla de oro olímpica, el primero en hacerlo en el deporte del remo. Ganó 126 carreras seguidas en la modalidad individual y se le nombró «héroe norteamericano». También estuvo involucrado en política. Después de servir como presidente de la Ciudad Demócrata, se postuló sin éxito como candidato demócrata a la alcaldía de Filadelfia en 1935.

Su madre

Su madre, Margaret Katherine Majer, hija de inmigrantes alemanes, fue reina de belleza, maestra y ex-atleta. Al igual que su esposo, era muy competitiva y sumamente estricta. De adolescente optó por el modelaje como part time job. Fue a la universidad y obtuvo un B.A. en la Universidad de Temple en 1921.

Se hizo instructora en Educación Física para Mujeres en el Colegio para Mujeres de la Universidad de Pensilvania. Se convirtió en la primera entrenadora de equipos atléticos femeninos en la universidad, organizando y entrenando un equipo de baloncesto femenino y programando las primeras competencias interuniversitarias para mujeres.

También dirigió una exitosa campaña de recaudación de fondos para construir canchas de tenis para mujeres en lo que, durante algunos años, fue un terreno baldío en la esquina sureste de las calles Treinta y Cuatro y Walnut. Todos sus aportes y trayectoria la llevaron a ser reconocida como «fundadora del atletismo femenino en Pensilvania».

Por otro lado, después de que todos sus hijos estuvieran en la escuela, Margaret también participó activamente en varias organizaciones cívicas. En 1935, comenzó una larga asociación con el Woman’s Medical College of Pennsylvania, sirviendo en su auxiliar y junta de corporaciones antes de presidir el programa de desarrollo y luego recibir un doctorado honorario en letras de la escuela.

En reconocimiento a sus contribuciones, la Facultad de Medicina de la Mujer nombró una sección del hospital en su nombre. También se desempeñó como miembro de la Junta de Educación de Filadelfia de 1961 a 1964 y como líder de juntas y grupos de voluntarios asociados con la Asociación de Filadelfia para Niños Retrasados, el Hospital de Rehabilitación Moss y el Comité de la Casa de Filadelfia.

El amor de sus progenitores

Jack Kelly y Margaret Katherine Majer tenían 10 años de diferencia. Después de un largo noviazgo, se casaron. Algunos medios mencionan que su primer encuentro fue en la piscina del vecindario en donde ambos vivían, pero lo cierto es que lo que vivieron juntos como padres de la princesa consorte, es más público que el resto.

La familia de Majer era luterana y ella se convirtió al catolicismo antes del matrimonio. En general, fueron una pareja estable, con sus altas y bajas pero muy afines en la crianza de sus hijos y el enfoque de vida. Compartían la pasión por el deporte y los dotes de liderazgo.

Sin embargo, Jack no quedó fuera del listado de los hombres mujeriegos del momento. Tras el nacimiento de sus hijos, las relaciones extramatrimoniales incrementaron, hasta llegar a hacer a su esposa, e inclusive a la mismísima Grace, quien era la más sensible de sus hijos, muy infelices según la BBC. Aún así, permanecieron casados hasta el último de sus días.

Grace: La formación de niña a adolescente

«Era débil» pero hermosa y según la BBC, se enfrentó a muchas desilusiones por parte de su padre, quien presentaba notable favoritismo por su hermana mayor «Peggy». Cuando nació Grace, la familia Kelly ya gozaba de una cierta bonanza económica y la hazaña olímpica de su padre los hizo una familia muy conocida en Filadelfia. Recibió una educación católica en el Academy of the Assumption, en Ravenhill, donde completó sus estudios e hizo sus primeros papeles en el teatro, incluyendo el de la Virgen María en las obras de Navidad del colegio.

Comenzó a practicar ballet, lo que consideró su primera vocación. También inició su afición por la lectura, de manera especial de las obras teatrales de su tio George, quien había ganado un Premio Pulitzer en 1926 por su obra de teatro Craig’s Wife.

Con catorce años, se matriculó en la Old Academy Players que tenía un grupo de teatro donde ya había actuado su hermana Peggy para fundaciones benéficas.

Es en este momento, en 1943, cuando Grace decide que quiere triunfar en el escenario, como bailarina de ballet o como actriz. Y mucho de esto se relaciona con sus tios: George Kelly, dramaturgo de renombre en Estados Unidos y Walter Kelly, cantante de un music hall y actor, que disfrutaron de cierto éxito en escena.

Tras finalizar sus estudios secundarios en 1947, Grace cursó en la Stevens School. Después se matriculó en el Academy of Dramatic Arts de Nueva York dejando su Filadelfia natal para iniciar formalmente su carrera en la Gran Manzana.

La inolvidable actriz

Mientras estudiaba en Nueva York, Grace, al igual que su madre, fue modelo. Lo hizo para campañas publicitarias que iban desde cigarrillos hasta lencería. Incluso llegó a patrocinar la marca de cigarrillos Old Gold , que se anunciaba en grandes carteles en las calles céntricas de Manhattan.

Se inició en teatro. Tras terminar su primer año, su tio le invitó a interpretar un papel en su obra «The Torch Bearers» y al culminar el segundo, le llegó la oportunidad de actuar por primera vez en Broadway, con la compañía del célebre Raymond Massey, con una obra de August Strindberg titulada The Father.

La actriz Grace Kelly

Grace da un salto a la televisión y al cine

Las críticas sobre su actuación fueron tan favorables, que abrieron una puerta a importante a ofertas tanto para teatro como para televisión. En los dos años siguientes interpretó más de sesenta papeles dramáticos de todo tipo, en su mayoría para la pantalla chica.

El éxito en la televisión le proporcionó la oportunidad de dar el salto a la pantalla grande. Aunque su primer papel no fue tan relevante, le valió para ganarse la atención de varios directores, como Fred Zinnemann y John Ford, que le catapultaron con papeles inolvidables, junto a estrellas como Bing Crosby.

«Solo ante peligro» y «La Ventana» fueron solo algunas de las producciones más prometedoras, pero «Mogambo», donde compartió escena con Clark Gable y Ava Gardner; fue la que le llevó al Globo de Oro.

Tras el éxito obtenido con Mogambo, firmó con la MGM por siete años. No mucho después la Warner Brothers pidió la cesión de Grace en la MGM para participar en una película de Alfred Hitchcock «Crimen perfecto» y Grace conectó con su manera de dirigir, tanto que se convertiría en la primera actriz en actuar en tres películas consecutivas de del director.

Grace Kelly Wins Best Actress: 1955 Oscars

The Country Girl, en 1955 le llevó a ganar un Oscar, y posteriormente también un Globo de Oro, ambos como «Mejor Actriz de Cine». Entre «Atrapa a un ladrón«, con Cary Grant, y «El Cisne«, todavía se debate cuál pudo haber sido más importante, al final del día ambas filmaciones le llevaron a Mónaco, donde su vida cambiaría para siempre.

Una visión distinta del amor

Durante su carrera como actriz, su vida amorosa fue centro de grandes polémicas. Desde directores, grandes magnates hasta compañeros de reparto, quedaron impresionados con la belleza y estilo de Grace, y fueron vinculados con la actriz, estando todos casados. Lo interesante es que, a la vez, los perfiles eran muy similares: casi todos mucho mayor que Grace, como si estuviese buscando en ellos el apoyo de un papá que deseó tener o emulando los comportamientos inapropiados dentro de una relación que vio en casa cuando era pequeña.

Un simple viaje a Mónaco

Lo cierto es que, cuando rodaba la película El cisne, durante su estancia en Mónaco, fue presentada al príncipe Raniero III de Mónaco. Él la invitó a visitar los jardines de palacio y poco tiempo después iniciaron una relación amorosa. Al regreso de Grace a Estados Unidos, la prensa no cesaba con preguntas sobre el príncipe pero ella, al inicio, prefirió la discreción.

Al terminar esta película, la MGM le presentó un nuevo proyecto, se trataba del filme Alta sociedad (1956), que era una adaptación musical de The Philadelphia Story, una comedia teatral de Philip Barry. Aceptó sin jamás imaginarse que sería su último.

Durante el rodaje se produjo un hecho que cambió por completo su vida, el príncipe Raniero III de Mónaco viajó en avión hasta la casona de los Kelly en Filadelfia para pedir la mano de Grace Kelly y acordar los términos del compromiso.

Según Vanity Fair: «Grace conoció a Rainiero en Mónaco en 1955. Él viajo a EEUU poco después, conoció a su familia y a los tres días le pidió que se casara con él. ¿Amor a primera vista? No queremos negar la posibilidad pero también era de sobra conocido que él necesitaba casarse y tener hijos puesto que de lo contrario Mónaco hubiera pasado a depender de Francia. Aún así, la noticia de su compromiso con Grace Kelly se vivió como si de un cuento de hadas moderno se tratara».

Actress Grace Kelly in casual pose w. armful of roses standing on sidewalk (surrounded by fans and photographers) during shopping trip. (Photo by Lisa Larsen/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

Lo cierto es que, tras hacerse pública la noticia, Grace terminó de grabar su última película que estaba ya en proceso de filmación. MGM aceptó que se rompiera contrato, pero bajo la condición de tener la exclusiva de la boda, además de patrocinadores principales.

La boda más vista de la historia

El 19 de abril de 1956, una radiante Grace Kelly entraba en la catedral de Nuestra Señora Inmaculada entre nubes de seda, tafetán y miles de perlas cosidas a mano. La hasta entonces estrella de Hollywood era la protagonista de la boda del año y lucía un vestido de novia con cuerpo de encaje y falda ondulante.

Lo había ideado la encargada de vestuario de los estudios de la Metro-Goldwyn-Mayer, Helen Rose, y escondía el trabajo de varias semanas de 36 costureras. Su prometido, el príncipe Rainiero de Mónaco, esperaba en el altar con la pechera henchida con condecoraciones.

Era el final de película que merecía una historia de amor que había conquistado al mundo.

En el momento de la boda, Grace Kelly tenía 26 años y Raniero 32. Poseía además 24 títulos nobiliarios, pero no una excesiva fortuna. La boda, que llegó a reunir a 30 millones de espectadores en todo del mundo, sirvió de escaparate para las medidas económicas y ventajas fiscales que impulsaría el joven príncipe y que aumentarían el turismo de lujo atrayendo a las grandes fortunas al principado, según Vogue.

Detalles de la recepción

La publicación de moda también agrega que a la ceremonia acudieron más de 600 invitados y unos 30 millones pudieron ver la ceremonia por la TV. Como curiosidad, fue ella la que esperó en la catedral de San Nicolás a la llegada del novio. Y también tuvo que ayudarle terminando por colocarse la alianza ella misma, ya que el príncipe, nervioso, no acertaba.

Así mismo, comentaron sobre la imponente tarta nupcial: «tenía seis pisos y estaba trufada de símbolos y guiños a la historia del pequeño principado. En el banquete, se degustaron platos de salmón, caviar, pollo, huevos en gelatina y langostas».

También sobre las Las damas de honor que acompañaron a Grace Kelly: «Iban de amarillo pálido con unos vestidos que imitaban la abotonadura del propio traje de novia de la princesa. La actriz se había embarcado con ellas, su familia y su caniche Oliver solo 15 días antes de la ceremonia en el transatlántico SS Constitution. Llevaba más de 80 piezas de equipaje. A su llegada a la Riviera francesa, más de 20.000 personas la esperaban para saludarla».

Vanity Fair, agregó: «Los monegascos se volcaron en la ceremonia y en los fastos, que duraron varios días. Las casas reales de Europa dieron la espalda a los Grimaldi. Solo acudió el rey Faruk de Egipto. Y Onassis, por supuesto. Y medio Hollywood, entre otras Ava Gadner, compañera de Kelly en Mogambo. Y 1.500 fotógrafos y periodistas, que intentaron hacerse un hueco entre los 23.000 habitantes que entonces tenía la Roca. Montaron tal lío que Rainiero no dijo aquello de “Si me queréis irse”, como la Faraona en la boda marbellí de su hija, pero pidió ayuda a la gendarmería francesa para poner orden».

La princesa de Mónaco

Grace trabajó duro para posicionar al Principado en el mapa mundial, convirtiéndolo en uno de los lugares más glamurosos del mundo.

Esposa, madre, anfitriona, compañera, apoyo y confidente. La americana fue además uno de los iconos de la moda, belleza y elegancia de todos los tiempos.