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Cayetana de Alba, la mujer de los 19 nombres y una sola esencia

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Cayetana de Alba, la mujer de los 19 nombres y una sola esencia

«Cayetana, quien nació en cuna de oro y se convirtió en una mujer hermosa. Tuvo 19 nombres, grandes amores, seis hijos y tantos títulos nobiliarios que se decía que si ella y la reina Isabel II se hubieran encontrado alguna vez paradas ante el umbral de la misma puerta, Cayetana debía pasar primero», Vanidades.

Fotos: Fuente externa

Ella fue, sin lugar a dudas, una de las aristócratas más famosas, rebeldes, apasionadas y misteriosas de toda la sociedad española. Y aunque en sus últimos años, su rostro fue tema de conversación, en su juventud, también fue considerada una de las mujeres más hermosas de su país.

Los días de una niña

Su historia es interesante, envuelta en fragancias tan dulces y como amargas, desde su nacimiento el 28 de Marzo de 1926. La nieta del rey Jacobo II de Inglaterra, fue la primera y única hija de Doña María del Rosario de Silva y Gurtubay y Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó. Fue bautizada en el Palacio Real y sus padrinos fueron el rey Alfonso XIII y su esposa, la reina Victoria Eugenia. Aunque su niñez estuvo rodeada de lujos, el más valioso de todos ellos, lo perdió cuando estaba muy pequeña: su madre.

Doña María del Rosario de Silva y Gurtubay enfermó de tuberculosis y por miedo al contagio Cayetana apenas pudo disfrutar tiempo con ella. Tras su muerte, con apenas 33 años, Cayetana quedó al cuidado de su padre, de su abuela materna y de un largo listado de niñeras e institutrices, además de diversas mujeres que la educaron del modo más sofisticado y al estilo inglés.

Cuando los reyes partieron al exilio con la segunda república, la Duquesa de Alba y su familia se mudaron a Paris. Años más tarde, cuando estalló la Guerra Civil Española, los Alba se exiliaron en Londres, lugar donde Jacobo, su papá, fue nombrado embajador de la dictadura de Franco. Las largas ausencias de su padre, las compensaba con Tommy, su poni.

Pasiones

Se consideraba una mujer apasionada, como pocas de su entorno; y responsabilizaba de todo esto a su sangre gitana. El actuar y ser una mujer libre era su emblema y estaba dispuesta a todo por honrarlo. Bailar flamenco era su debilidad, además del tenis, la equitación y el esquí, que practicaba de pasatiempo.

La apreciación de la cultura y el arte en general ocuparon gran espacio de su vida, disfrutaba estar rodeada de colores e ideas, así que comenzó a coleccionarlas. Logró atesorar desde pinturas impresionistas (su corriente favorita), piezas de Renoir, Corot, Marc Chagall y Picasso; esculturas del siglo I, artes decorativas, tapices, escritos del descubrimiento de América hasta testamentos de reyes de españoles. Además de contribuir a grandes proyectos culturales de España.

El primer amor

En cuanto a los amores, lo encontró tres veces y de todas, quizás la primera fue la voluntaria. Conoció a Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, el hijo de los duques de Sotomayor y marqueses de Casa Irujo, y se enamoraron perdidamente. Tras la aprobación de su padre, contrajo matrimonio, a los 21 años. La celebración tuvo lugar en Sevilla y ella llevó una corona de perlas y diamantes que fue un regalo de Napoleón II a la reina Eugenia de Montijo. Todos los medios se hicieron eco de los 20 millones de pesetas que invirtieron en la ceremonia y la prensa la nombró “la boda más cara del mundo”, superando incluso la de la reina Isabell II.

El duque del Alba junto a su hija Cayetana Fitz-James Stuart de 21 años y su esposo Don Luis Martinez de Irujo de 27 años, saliendo de la ceremonia en la Catedral de Sevilla el 12 de Octubre de 1947.

Sin importar las inversiones, la relación fue muy sólida, y juntos tuvieron 6 hijos: el primero fue Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo en 1948, primer heredero de los ducados de Alba, después Alfonso (1950), Jacobo (1954) y Fernando (1959) y por últimos nacieron Cayetano (1963) y Eugenia (1968).De la relación con sus hijos se imaginaban muchas cosas, pero ellos, en distintas ocasiones revelaron intimidades sobre su relación con su madre, como por ejemplo que le resultaba difícil decirles que les quería y que pasaban más tiempo con las niñeras que con ella, como si se tratase de una recreación de lo vivido por la misma Cayetana tras la pérdida de su madre.

A pesar de las especulaciones, la familia en general supo vivir feliz y sus hijos aprendieron de sus padres a ver la vida desde una perspectiva distinta. En cuanto a la pareja , tras 25 años de matrimonio, Luis, el esposo de Cayetana fue diagnosticado con leucemia y la enfermedad pudo más. Despedir a su marido se convirtió en el momento más gris de todos los capítulos de su vida.

Pensó no casarse jamás hasta que 6 años más tarde, el 16 de marzo de 1978, se vio dando el «sí quiero» a Jesús Aguirre, un ex sacerdote, hombre culto, decimoctavo Duque de Alba y once años menor que ella, con el que no tuvo descendencia. Se conocieron en Marbella, en la casa de los Duques de Arión, y meses más tarde, tras el reencuentro de ambos, en el despacho que Aguirre tenía en el ministerio de Cultura como director general de Música, inició formalmente su relación. Antes de celebrarse la boda, firmaron ante notario la separación de bienes. Encontraron la felicidad múltiples veces, en sus 23 años de matrimonio, pero en 2001, Aguirre falleció a causa de un cáncer de laringe.

«El primer día que nos vimos nos caímos muy mal. Ella dijo de mí que era como un papel secante, y yo pensé de ella que era muy guapa, pero insoportable. Sin embargo, al poco tiempo, nos volvimos a ver en su casa. Cayetana quería continuar con la ‘guerra’, pero yo la ‘ataqué’ de un modo inesperado representando la escena del sofá de Don Juan Tenorio», confesó Aguirre en un momento.

Una tercera oportunidad para ser feliz

En en transcurso de su octava década, en 2008, la Duquesa de Alba volvió a encontrar el amor y recuperó la ilusión de vivir, y de vivir mucho. Esta vez fue al lado de un funcionario del Estado,  Alfonso Díez. Tras superar con éxito tres operaciones, una por problema de espalda, otra en febrero de 2009 de unos cálculos en la vesícula y, por último, otra en marzo del mismo año en la que se le instaló una válvula para solucionar los problemas de hidrocefalia e isquemia cerebral que padecía, la Duquesa estaba lista para experimentar una segunda juventud en la que no solo compartió su tiempo junto a Alfonso sino en la que también se dedicó a disfrutar de sus tres grandes pasiones: el flamenco, los toros y la pintura de arlequines. Se casaron en 2011 y él le acompañó hasta el último de sus días.

La mujer de 19 nombres y el cabello libre

Su constante en la vida fue la libertad, de ser, de expresarse, de vivir sin ningún protocolo. Cuentan que se vestía de sevillana y paseaba por las calles de esa ciudad que tanto amó (aunque era madrileña), y que en un viaje a Egipto, en el que el arqueólogo Howard Carter, quien descubrió la tumba de Tutankamón la guió, salió a las calles vestida de mendiga. Se dice que para vivir la experiencia y sentir algo de lo que podían sentir los demás, desarrollando una enorme sensibilidad.

De personalidad chispeante y carácter fuerte supo narrar su vida mejor que nadie, en dos libros biográficos: Yo, Cayetana (2011) y Lo que la vida me ha enseñado (2013), unas memorias que redactó con total franqueza. Incluyendo los 19 nombres y por qué el «Cayetana» como su favorito, además de su parecer sobre los tantos títulos.

Su nombre completo fue: María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay, pero ella eligió solo Cayetana, del latín caietanus, que significa “fuerte como una roca”. Fue cinco veces duquesa, 20 condesa, viscondeza, 18 veces marquesa, condestablesa, condesa-duquesa y fue considerada en 14 distintas ocasiones “grande de España”, la mayor distinción del reino y ganó un récord Guinness por poseerlos.

A lo largo de su vida, el cabello libre, rizo, fue su distintivo. Era parte de lo que algunos tildaron «rebeldía», pero ella prefería «seguridad» en si misma y en sus creencias.

Últimos días

«En 2014 la Duquesa fue ingresada en la UCI tras complicarse una neumonía, derivada de una gastroenteritis que sufría desde hace días. Sus hijos decidieron sacarla del hospital para que pasara los últimos días con su familia. El 20 de noviembre Cayetana de Alba falleció en Sevilla, en el Palacio de las Dueñas, el lugar que más amó.

En su despedida estuvieron presente 70.000 personas que quisieron dar el último adiós a la duquesa. Tras su fallecimiento los restos fueron incinerados y sus cenizas reposaron en la Hermandad de Gitanos, por su expreso deseo. Después de cumplir el año de luto, la mitad de sus cenizas fueron llevadas al panteón familiar que la Casa de Alba posee en el Monasterio de la Inmaculada Concepción en Madrid».