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Nayib Bukele, el líder de las Nuevas Ideas

Nayib Bukele

Progresista

“El dinero alcanza cuando nadie se lo roba”.

Inteligente e innovador son dos cualidades que distinguen a la perfección el rostro que representa la renovación política en América Latina, y es que este presidente millenial, logró convertirse en el mandatario más joven de la historia política del Faro del Pacífico, como es conocido El Salvador, un país hermoso pero considerado como uno de los más violentos del mundo. 

Conocido como el “Golondrino”, por el emblema del partido que lo llevó al poder, la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA, un partido conservador), Bukele se presentó, desde los inicios de campaña, como un joven auténtico con ideas progresistas. Su estilo juvenil y su discurso alentador y sincero generaron empatía con los jóvenes del país salvadoreño, y es que la justicia social es uno de los principios que corre por la sangre del joven de origen palestino.

Es hijo de Olga Ortez y del fenecido empresario Armando Bukele, un doctor en química industrial, representante de la comunidad árabe-palestina en El Salvador. Nayib Armando Bukele, se ha convertido, quizás sin buscarlo, en una de las figuras políticas más controvertidas de Latinoamérica en los últimos años. El joven presidente es catalogado como un revolucionario y, en algunas ocasiones, como populista.

Nayib Bukele

“Cuando Dios decide algo, ni uno puede contra eso. Dios es el que manda”.

Las chaquetas de cuero, los jeans, gafas oscuras, gorras y, por supuesto, el estilismo impecable de su barba, protagonizan el look del político, empresario y dueño de Yamaha Motors El Salvador, pero es su experiencia en el mundo de la publicidad y el marketing, la llave que le ha abierto puertas, con una comunidad joven que se encuentra, principalmente, en las redes sociales, plataformas claves para la estrategia del presidente salvadoreño.

Redes sociales y carrera política

Su inteligencia, innovación y discurso, tachado como irreverente por los canales institucionales o tradicionales, se encuentra sustentado a través de las redes sociales, que se han convertido en su arma principal al momento de comunicarse con la población para adoptar medidas, dar órdenes directas e incluso pronunciar los discursos de estado.

Las selfies, los mensajes en Twitter, Facebook y los posts en Instagram, se han convertido en el principal canal de comunicación del líder más popular de América Latina, estilo que lo catapultó al Gobierno y del cual continúa siendo fiel.

El Salvador’s newly sworn-in President Nayib Bukele and his wife Gabriela wave during inaugural activities in Plaza Barrios in San Salvador, El Salvador, Saturday, June 1, 2019. (AP Photo/Salvador Melendez)

Su presencia en estas grandes plataformas son precisamente las que le han favorecido con el 92.5% de aceptación y aprobación de la población salvadoreña durante su primer año de gobierno, popularidad que incluso lo ha vuelto el favorito entre jóvenes de otros países. Los comentarios en redes sobre el anhelo de tener un presidente como Bukele abundan y nos envían un mensaje claro y preciso, y es que la forma de comunicar la política ha cambiado.

Sus primeros pasos en el mundo de la política los dio junto al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), quien fuera, en sus días, la principal fuerza política de oposición de El Salvador. Es precisamente desde este partido de izquierda que el joven logró destacar y escuchar las preocupaciones de su pueblo, sobre todo, identificándose con los más jóvenes.

Desde un olvidado poblado cafetero y sin suficientes recursos, Bukele encontró en las redes sociales su principal aliado para dar a conocer sus obras sociales, culturales e incluso la donación de su salario para becas. Su transformadora gestión en Nuevo Cuscatlán, un pequeño municipio ubicado en la capital salvadoreña, le merecieron la invitación, en noviembre de 2014, a la 74ª Asamblea General de las Naciones Unidas, para conocer las medidas que había tomado durante su gestión, logrando sacar del anonimato esta capital.

Su liderazgo innato y capacidad para resolver los problemas de manera creativa y efectiva le llevarían, en el 2015, a convertirse en alcalde de San Salvador, donde destacaría por sus proyectos para mejorar la iluminación de la ciudad con tecnología LED, así como la recuperación y remodelación de tres emblemáticas plazas del centro histórico de la capital, perfilando al joven como un político preocupado por el pueblo y enfocado en modernizar El Salvador.

Su paso por los tres partidos más conocidos de su país se convertiría en una interrogante sobre las causas que lo identifican, pero, para él, esta sería la estrategia fundamental para poner fin a las fuerzas políticas tradicionales y a décadas de hegemonía política en El Salvador. Es por esto que, durante su campaña, alzó la voz y proclamó el tan anhelado cambio que necesitaba la nación, considerada como una de las más violentas del mundo por las altas tasas de homicidios que se computan anualmente, crímenes atribuidos, en su mayoría a las pandillas, principalmente Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18.

El enfoque de mostrar al pueblo los 20 años de gobierno de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y los casi 10 años del FMLN, encontraron cabida en el pueblo que se encontraba ansioso por dejar atrás los 12 años de postguerra. Es así como, el 3 de febrero de 2019, aquel joven de cabello engominado y espesa barba, que se había presentado en campaña como “el candidato del cambio”, hizo historia al romper con casi tres décadas de bipartidismo entre Arena y FMLN.

En una sociedad visiblemente polarizada entre “izquierda y derecha”, es difícil encasillar políticamente a Bukele, quien logró el apoyo de los salvadoreños por la esperanza que representa. Él es un hombre sin prejuicios ni vinculaciones a ese pasado político tachado de violencia y autoritarismo tan característico de la nación centroamericana. Su visión, más allá de las etiquetas de derecha o izquierda, se enfoca en construir un futuro diferente para el país que le vio nacer.

La violencia, pobreza y política exterior han sido los principales retos del gobierno de Bukele, pero, a tan solo un año y 19 días de haber tomado posesión de la presidencia, el 4 de enero, el país registró su primera jornada sin homicidios en el 2020, un hito que marca una nueva etapa en cuanto a materia de seguridad se refiere y que obedece a un plan de “control territorial”, que concentra a más de 7,000 miembros de la policía y del ejército en 22 localidades, para cortar las fuentes de financiación de las pandillas, contribuyendo de esta manera al drástico cese de la delincuencia.

Manejo de la crisis del Coronavirus

Es precisamente durante la crisis sanitaria por motivo de la pandemia de Covid-19, que las medidas del gobierno de Bukele se han vuelto virales, tras afrontar la difícil situación con disposiciones económicas que han sido aplaudidas por ciudadanos de distintas partes del mundo. Sus frescas ideas, adaptadas a la modernidad durante la actual situación global, le han hecho merecedor de elogios en las redes sociales, además de duras críticas.

30 directrices económicas que han colocado en primer plano a los ciudadanos salvadoreños y la importancia de su salud, dejando a un lado los intereses de los grandes empresarios e incluso afrontando al Congreso y la Corte Suprema, que lo han llevado a ser acusado, por algunos medios, de ser un presidente autoritario, y de los cuales se ha defendido en la que podría decirse es su red social favorita, Twitter, y es que con cada tuit que publica el mandatario, ya sea de sus ideas, respuestas u órdenes a sus funcionarios, crea más de una reacción, tanto positiva como negativa.

Es precisamente esta afrenta a la Asamblea Legislativa, en la cual se presentó acompañado de militares, la que generó polémica, bautizada popularmente como “Bukelazo”, y con la cual pretendía presionar de cierta forma al Congreso, para la aprobación de una de las fases de su plan de seguridad, que buscaba frenar el incumplimiento de miles de personas a la cuarentena domiciliaria, cosa que ha sido la medida que ha adoptado la mayoría de los países que se han visto afectados por esta pandemia.

Un pelotón de soldados del ejército salvadoreño rodean la zona de curules de los diputados de la Asamblea Legislativa, durante la sesión extraordinara convocada por el Gabinete de Ministros. Al final unos pocos parlamentarios atenderieron el llamado de Bukele.
Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Otras de las medidas que le han hecho ganar popularidad y critícas, no solo en el territorio salvadoreño, sino en otros países, fue la decisión de endurecer las condiciones de aislamiento de pandilleros encarcelados y reunir miembros de grupos rivales en las mismas celdas, esto en respuesta al aumento de asesinatos a mediados de abril, que amenazó con el gran logro de su gobierno, hablamos de la histórica reducción de homicidios desde que inició su mandato.

Es innegable que jóvenes de todo el mundo se sienten identificados con la labor hasta ahora realizada y los esfuerzos que ha concentrado el presidente para mantener la nación en la relativa paz que prevaleció antes del inicio de la pandemia y que constituye uno de los logros más importantes de su gobierno: reducir la violencia.

La postura de mano dura contra el crimen, es precisamente la que ha logrado que su primer año de gobierno cerrara con 4.1 homicidios diarios, muy por debajo del promedio de 12.6 que tuvo su antecesor, Salvador Sánchez Cerén en el mismo período. Estos números podrían continuar en descenso ya que, en las próximas elecciones legislativas, el panorama podría cambiar, con un triunfo histórico de mayoría en la Asamblea frente al viejo sistema y un poder popular que iría a la par con la transformación de los órganos Ejecutivo y Legislativo, según los pronósticos.

Nayib Bukele y el amor de su vida

Así ha declarado públicamente el propio Bukele, refiriéndose a su esposa, Gabriela Rodríguez, una psicóloga prenatal, educadora y bailarina, con quien mantuvo diez años de noviazgo, hasta que contrajeron matrimonio a finales de 2014 y quien ha estado presente en su carrera desde que inició sus actividades políticas.

La Primera Dama resalta sus labores, al igual que su esposo, mediante las redes sociales, donde comparte imágenes de su día a día. También, por esta vía, anunciaron la llegada de su primera hija, Layla, cuando Bukele aún se encontraba en campaña, rumbo a la presidencia. Bella, inteligente, culta y hermosa por dentro son solo algunas de las definiciones que el mandatario expresa sobre su esposa en redes.

El sentido social es la bandera que cobija a ambos, su capacidad de trabajar con las personas y el amor que sienten por su país es la causa común y la fuerza para impulsar con nuevas ideas, y sacar adelante un país que estuvo sumergido en guerrillas y violencia durante más de 12 años.

Si hay algo indudable es que pocos líderes mundiales han generado tantos elogios y críticas al mismo tiempo, pero lo cierto es que Bukele se mantiene concentrado en lograr los objetivos con los cuales llegó a la presidencia de El Salvador, rompiendo los moldes tradicionales, no solo en su forma de gobernar, sino también en la forma de comunicarse.

“Si no cambiamos todos, nuestro país no va a cambiar”.