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El Pez de Oro y Arena

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El Pez de Oro y Arena

texto: Jake Kheel / fotos:José Alejandro Álvarez
En 2014, el fotógrafo José Alejando Álvarez me contactó para confirmar un rumor sobre la presencia de dos peces loro guacamayo en el arrecife frente Puntacana Resort & Club. “Quiero fotografiarlos, los guacamayos están casi desaparecidos en el resto del país.” Los peces loros, incluyendo los guacamayos, son peces brillantes, decorados de colores vibrantes y representan un atractivo importante para buzos, excursiones de snorkeling y fotógrafos.
Recientemente se ha apreciado el rol del pez loro para la salud de los arrecifes de coral. Como pez herbívoro, consume algas en los arrecifes, creando espacio para los corales. Tiene una serie de dientes frontales como el pico de un loro (por eso su nombre), que emplean para roer rocas del arrecife, al mismo tiempo arrancando las algas que consumen. Igual que una vaca, el pez loro es un animal de pastoreo, pero del mar. Limpian las algas del arrecife a beneficio de los corales.
Pero su mayor aporte al turismo dominicano es como una máquina de producción de la arena blanca que decora las playas del Caribe. Su excremento, constituido por roca y coral digerido, es arena blanca. ¡Se estima que cada pez loro defeca alrededor de 200 libros de arena blanca al año! Considerando que los arrecifes de coral del Caribe generan un estimado de $3 mil millones de dólares anualmente en turismo y recursos pesqueros, el pez loro vale oro a la economía del Caribe.
En la República Dominicana, los peces loros son cada día más escasos. La pesca artesanal con arpón ha disminuido drásticamente la población de peces de arrecife típicamente consumidos, como los meros y pargos. Mientras sus opciones de pesca tradicionales disminuyen, los pescadores reemplazan los peces de más alta “categoría” (valor económico) para categorías de pez más bajas (menos valor económico). El pez loro, a pesar de su importancia ecológica, se considera un pez de quinta categoría, con poco valor económico para el consumo.
Alarmantemente, en Punta Cana, la zona turística de mayor importancia del país, estudios recientes de captura muestran que más del 60% de la captura local es pez loro. Ese fenómeno señala una sobrepesca intensiva de una especie que contribuye a la producción de arena para las playas turísticas.
En 2014, la Red Global de Monitoreo de Arrecifes de Coral (GCRMN) publicó el reporte más detallado y completo sobre los arrecifes de coral del Caribe en la historia: “Estado y Tendencias de los Arrecifes Coralinos del Caribe: 1970-2012.» Dentro de las conclusiones fundamentales del reporte, era demonstrar un vínculo entre arrecifes saludables y poblaciones robustas de pez loro. De las principales recomendaciones para el Caribe incluyen: 1. Eliminar la pesca con arpón 2. Crear reservas de no-pesca. 3. Establecer vedas de pez loro y otras especies herbívoros.
En junio, el Ministerio de Medio Ambiente de República Dominicana declaró una veda a la captura de varias especies, incluyendo la prohibición de captura de tiburones, rayas, el erizo diadema (otro herbívoro consumidor de algas) y el pez loro. Esa medida es histórica para la conservación de los océanos y arrecifes del país.
Claramente, la implementación de esa nueva veda será difícil. El cumplimiento de las vedas existentes (como cangrejo, langosta, y lambí) son violados regularmente. La poca efectividad de CODOPESCA es una frustración para grupos ambientales. El Ministerio de Medio Ambiente solo, con recursos limitados, no da abasto para cumplir las vedas actuales, ni las nuevas.
Sin embargo, esa medida esa significativa, a pesar de representar un acto casi simbólico, porque señala una coherencia en las políticas del Ministerio. Demuestra que el país está formando políticas en el marco de mejores prácticas internacionales y las recomendaciones de las instituciones expertas. Además, está priorizando la protección de especies de alto valor ecológico y para el turismo.
Sin lugar a duda, el éxito de esa nueva medida dependerá más del compromiso y apoyo de todos los sectores del país que al Ministerio de Medio Ambiente: sector privado y público, grupos ambientales y comunitarios, asociaciones y todos los ciudadanos dominicanos.
Por ejemplo, ASONAHORES, la asociación que representa más restaurantes, hoteles y actividades turísticas del país, debe comprometer públicamente a sus miembros de respetar todas las vedas del país sin excepción y promover la veda. Igualmente, los supermercados y otros mercados de pescado deben comprometerse a cumplir con las vedas sin excepción. Los productos congelados o importados no deben ser una excepción; una veda significa no comercializar una especie durante un periodo en particular. Más importante aún, los consumidores tienen que educarse sobre las vedas y respetarlas. La ignorancia no es una excusa para contribuir directamente a la degradación ambiental.
En su visita ese día, José Alejandro no encontró el pez loro guacamayo. Pero observó otra tendencia positiva: “lo que ustedes [Fundación Grupo Puntacana] han logrado en El Acuario es probablemente lo mejor que he visto en casi 30 años buceando por todos los rincones de este país…Me alegra mucho poder ver pruebas palpables en nuestro país de que la protección da resultados, y rápidos!” Con el apoyo de toda la sociedad dominicana, es posible lograr más ejemplos de recuperación de arrecifes de coral en el país.