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P.S. IT’S FANCY l Once In A Lifetime: Givenchy

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P.S. IT’S FANCY l Once In A Lifetime: Givenchy

P.S. IT’S FANCY.

Su familia pertenecía a la nobleza veneciana, pero él era francés, nació en Beauvais en 1927. En medio de telas, muebles y demás objetos típicos de la época, pasaba sus tardes, en la prestigiosa fábrica de tapices de su abuelo materno, en los alrededores de Francia. Quedó huérfano de padre a los 3 años y su madre se hizo cargo de todo, es decir de él y de su hermano. Soñaba para Hubert las leyes, pero él siempre estuvo muy claro que lo suyo era la moda y dedicó el resto de su vida  demostrando que así sería.

«Yo ya no formo parte de ese universo, pero estoy orgulloso de enseñar al mundo una muestra pequeña de lo que hice con mi equipo».


EDITORIAL.

Cuando el arte va en la sangre, no existe vena que se le escape. Casi lo mismo aplica con los títulos nobiliarios, aunque el que heredó de su padre: el marqués de Givenchy; Hubert James Marcel Taffin de Givenchy –o solo Givenchy, como quedó grabado en las pasarelas y más importantes enciclopedias– terminó por asumirlo a cabalidad dentro de la sociedad que conforma el universo de los diseños de piezas de vestir. Perteneció a las grandes mentes creativas que redefinieron la moda recién pasada la Segunda Guerra Mundial, siendo, más que solo artista, un increíble pionero dentro y fuera de la industria. De bocetos casi tan firmes como sus objetivos, partió a París persiguiendo un sueño repleto de puntadas, sin importar mucho la falta de consentimiento de su familia. Fue esa misma determinación la que le llevó a conocer a quien visualizó desde siempre como su gran mentor: Cristóbal Balenciaga, el diseñador vasco; justo en su primera pasarela como invitado especial al Waldorf Astoria de Nueva York con a penas 25 años. «Estaba allí sentado, con gafas oscuras, justo en el fondo», relató innumerables veces, y por supuesto, Hubert no perdió un solo segundo en acercase. Desde entonces, fueron grandes amigos. Balenciaga fue como un padre, el norte de la brújula de todas sus creaciones. Y mientras la nuestra se direcciona hacia el calendario, a esos primeros días de marzo, nos detemos a recordar la vida de «Le Grand», el insustituible Hubert de Givenchy.