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Carlos Veitía: Celebrando el 50 aniversario del Teatro Nacional

fotos Misael Ramírez Photography maquillaje Luisana De Abreu lugar Teatro Nacional Eduardo Brito

REFERENTE ARTÍSTICO.

Con el corazón desbordante de alegría y orgullo, nos unimos a la gran celebración del 50º aniversario de nuestra alta casa de arte, el Teatro Nacional Eduardo Brito, conversando con un referente de la danza clásica dominicana: el maestro Carlos Veitía quien, desde hace 11 meses, asumió la función de director general y artístico de este templo de la cultura dominicana.
“Soy un constructor, un artista y un servidor”.

Medio siglo plagado de historia y cultura de nuestro emblema del arte y orgullo nacional, nos convocaron, en una cálida mañana, a un agradable encuentro con el reconocido bailarín, coreógrafo y maestro Carlos Veitía quien, en esta ocasión, nos esperaba para la toma de fotografías, mientras nos comentaba de su nuevo reto como director general y artístico del Teatro Nacional Eduardo Brito, además de sumergirnos en un recorrido por su trayectoria en el maravilloso mundo del ballet y confesarnos cuál ha sido la clave para lograr trascender y mantener el nombre de las artes en alto.

 Ingresar a las instalaciones de este recinto artístico y tener la oportunidad de visitar cada una de sus salas, pasillos y rincones, guiados por Veitía, es un privilegio indescriptible. Su magia y la belleza nos transportaban a los aplausos y carcajadas de un público apasionado por las artes escénicas y musicales, al tiempo que nos llevan a revivir, por un instante, las emociones provocadas por grandes artistas dominicanos y extranjeros, como Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Alicia Alonso, entre otras luminarias que desfilaron por sus escenarios, vistiendo varias décadas de gloria de nuestro gran Teatro Nacional. En el presente, toca a los nuevos talentos plantar para el enriquecimiento del arte y escribir, en lo adelante, la historia del teatro para generaciones futuras.

“La existencia del Teatro Nacional ha dado la oportunidad de profesionalizar el arte escénico-musical en todas sus manifestaciones. Nos ha proporcionado un espacio de categoría mundial para recibir a los más destacados artistas internacionales de todos los géneros y agrupaciones de toda índole.”

RITMO SOCIAL: Nuestro Teatro Nacional Eduardo Brito estará llegando al 50º aniversario de su fundación. Desde su gestión como director, ¿cuáles eventos fueron planificados para tan importante celebración y cuándo empezaron las actividades conmemorativas?

CARLOS VEITÍA: Desde que asumí la dirección artística y general del Teatro Nacional, cuando fui nombrado por el Ministerio de Cultura y el presidente Luis Abinader, me di a la tarea de organizar producciones que incluyeran las diversas disciplinas profesionales de las artes escénicas y musicales para presentar varias funciones durante el mes aniversario, que es en agosto 2023. Luego, convoqué propuestas diferentes y me reuní con los directores de cada una. Algunos planes se vieron afectados por circunstancias inevitables y reorganicé la programación. Desde hace 11 meses, trabajamos un equipo de profesionales y yo, todos en coordinación para llevar al público dominicano lo mejor de nuestros exponentes artísticos, que incluyen los intérpretes, creadores y directores tanto de la danza, el teatro y la música.

Cada puesta en escena es un trabajo que ha tomado mucha planificación y acciones que se han puesto en práctica para ir haciendo estas producciones realidad. En mayo, tuvimos el Festival Nacional de Ballet, con la participación de las compañías Ballet Nacional Dominicano y Ballet Concierto Dominicano.

El 3 de agosto se estrenará “Juana la Loca… ¿Locura o conspiración?”, del dramaturgo y escritor dominicano Manuel Rueda, ganador por esta versión del premio Tirso de Molina, en España. Guillermo Cordero dirige un elenco magnífico de grandes actores y actrices nuestros, en un montaje que puede catalogarse de espectacular.

El 10 de agosto, la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro José Antonio Molina, subirá a escena con la Novena Sinfonía de Beethoven. Una coral de 100 voces, junto a solistas cantantes líricos invitados, internacionales y nacionales, que completarán esta famosa obra del gran compositor alemán. Por otra parte, en septiembre, el Festival Van Cliburn, que auspician la Fundación E. León Jimenes y Fundación Sinfonía, nos traerán a los pianistas ganadores de este certamen, que incluye a los más talentosos de la actualidad. Estos y otros eventos de trascendencia, como la orquesta del Carnegie Hall de NYC, que nos visitará en julio, también son presentaciones que engalanan la oferta de este 2023.

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“Nuestro Teatro es espectacular. Era el quinto más grande en escenario cuando se estrenó en 1973 y, probablemente, uno de los tres más grandes tras bastidores”.

RS: Desde su perspectiva, ¿cuál es el impacto socio-cultural del Teatro Nacional en el desarrollo del arte dominicano y el enriquecimiento de su cultura?

CV: La existencia del Teatro Nacional ha dado oportunidad de profesionalizar el arte escénico-musical en todas sus manifestaciones. Nos ha proporcionado un espacio de categoría mundial para recibir a los más destacados artistas internacionales de todos los géneros y agrupaciones de toda índole. Hemos tenido la dicha de ver el desarrollo y avance de las artes en nuestro país, incluyendo a instituciones extranjeras que se han presentado con figuras dominicanas estelares y que forman parte de su elenco.

RS: Desde su designación como director del Teatro Nacional Eduardo Brito en julio del 2022, ¿en cuáles pilares ha basado su gestión y cómo ha sido la experiencia hasta el momento?

CV: Desde mi designación, me he organizado para desarrollar producciones del Teatro Nacional, conformar una programación equilibrada, con producciones privadas profesionales en su mayo[1]ría, y desarrollar acciones para actualizar tecnológicamente, remozar y adecuar áreas para ensayo que estaban subutilizadas, en fin, ordenar espacios y dar mantenimiento. Los detalles son muchos y no podemos mencionarlos para no aburrir. Todo se irá y se va viendo, y haciéndose realidad con trabajo constante y paciencia.

RS: ¿Qué ha sido lo más retador y lo más satisfactorio en estos 11 meses en la dirección del teatro?

CV: El reto es hacer ejercicio de paciencia, pues uno está para servir y trabajar en conjunto. Tenemos un equipo muy capaz y entregado que gusta de estar en el teatro. Organizar es un ejercicio de constancia y procedimientos de costumbre, eso se crea día a día con el personal. El recinto es enorme y es un gran reto abarcar tanto, pues lo artístico va en función de lo administrativo, organizativo y viceversa. El horario es largo y, a veces, es de más de 12 horas, a eso uno se va acostumbrando.

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“Quiero dejar legados tangibles, áreas adecuadas para uso artístico y ensayos de diversos géneros, y una institución más actualizada en tecnología y dinámica de personal.”

RS: ¿Cuál es el legado que desea dejar a su salida del Teatro Nacional?

 CV: Quiero dejar orden y procedimiento instituido, no porque no exista, sino porque hace falta ir ajustándose a las necesidades de los tiempos actuales y a la mentalidad de los productores que requieren de servicios, pero, también, de controles de reglas correctas y beneficiosas, tanto para ellos como para el Teatro Nacional. Y quiero dejar legados tangibles, áreas adecuadas para uso artístico y ensayos de diversos géneros, y una institución más actualizada en tecnología y dinámica de personal.

RS: En el desarrollo de su carrera, llevó el ballet a plazas públicas para acercarlo más a las personas. En la actualidad, ¿cuáles acciones tiene contempladas para atraer una mayor audiencia al Teatro Nacional y las artes?

CV: A lo largo de mi trayectoria en el ballet, hemos llevado estudiantes a ensayos generales didácticos y funciones en el mismo Teatro Nacional. Seguiremos, desde mi cargo, incentivando nuevas audiencias, como estudiantes escolares y universitarios, con pro[1]gramas de precios muy asequibles. Es importante que la gente se acerque y vaya al teatro porque esto representa una experiencia, pues las presentaciones en vivo tienen una capacidad de llegar directo al espectador y los sentidos reciben el mensaje de una manera especial, pues hay comunión entre el público y el artista aun y no interactúen. También, la sociedad debe entender que hay que aportar al arte y pagar por este, dentro de la posibilidad de cada quien. Si el artista no produce, el arte no subsiste. Es un compromiso de sociedades conscientes.

RS: Ha tenido la oportunidad de conocer grandes escenarios, ¿cuál[1]les características entiende que posee nuestro teatro en cuanto a estructura y el nivel de las presentaciones en comparación con otros escenarios del mundo?

CV: Nuestro teatro es espectacular. Era el quinto más grande en escenario cuando se estrenó en 1973 y, probablemente, uno de los tres más grandes tras bastidores. La disposición de los asientos en platea es cómoda, en comparación a espacios de piernas con muchos otros teatros importantes. La locación dentro de la Plaza de la Cultura lo hace holgado en su exterior. El espacio para almacenes y entrada de escenografías es muy amplio. El escenario de la sala Carlos Piantini es muy grande y se presta para aforarse al tamaño mediano, o más pequeño, y posibilita tener varias escenas listas, dividiéndolas unas más delante de otras. Tiene, además, dos salas pequeñas de aproximadamente 200 lunetas: Aída Bonnelly, en honor a la exdirectora y músico dominicana; y la sala Ravelo, dedicada al maestro compositor. El bar Juan Lockward y salas de ensayo completan un edificio al que todavía podemos sumarle más funcionalidad.

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RS: Usted es un referente en la historia de la danza clásica en la República Dominica, ¿cuál ha sido la clave para lograr trascender y mantener el nombre del arte en alto?

 CV: ¡Gracias!, pues trabajo constante, vocación, cuidado en el criterio, evolución y aprendizaje continuo como profesional y mucha perseverancia. Recordar que el arte debe ser y practicarse con disciplina estricta, pero con nobleza y respeto. Las generaciones jóvenes observan y aprenden, hay que asegurarse de que nuestras influencias sean las mejores que podamos dar.

RS: ¿De qué manera su madre, la maestra de ballet Clara Elena Ramírez, influyó en su elección por las artes danzarias y qué recuerdos atesora de ella?

CV: Mi madre enseñaba que la técnica en el ballet era importante, pero solo era una herramienta para ser trascendida por el arte de la interpretación. Pero, sobre todo, me hizo consciente de mi función de responsabilidad como individuo en una colectividad. Hacer el trabajo en grupo con respeto y calidad para destacar como individuo, no lo contrario. Mi madre no me inculcó ser artista, yo lo decidí. Quizás llevaba la vocación dentro y ella me apoyó, al igual que mi padre.

RS: Usted se formó como bailarín clásico en el Ballet Concerto de Miami, ¿cuáles fueron los retos que tuvo que enfrentar durante su formación?

CV: Si les digo que me importaba lo que la gente pensara de mí porque quería bailar, les miento. Mis amigos, de niño, eran muy liberales y hasta hijos de artistas. En Miami, tuve el apoyo de mi padre y, en el resto de mi carrera joven en USA, lo tuve de mi madrina Estrella Saumell de Vivero. Siempre fui muy seguro de lo que quería.

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“La fuga de talento ocurre cuando en los países no se le da importancia suficiente a la danza, ni se reconoce su justo valor como profesión. Pero la tradición se crea con trabajo, calidad y constancia.”

RS: Luego de su formación, trabajó cuatro años como bailarín en el Boston Ballet, ¿cuál es la presentación que le trae recuerdos indelebles?

CV: En el Boston Ballet tuve muchas oportunidades de bailar coreografías tradicionales y de los grandes creadores de USA, como Jerome Robbins, George Balanchine y Agnes De Mille. Lo que más recuerdo es observar el trabajo de los coreógrafos cuando yo no tenía que bailar. Siempre, como intérprete, hay una sensación de nervios de escena como adrenalina que se aprende a domesticar para estar en control.

RS: Después de tantas vivencias extraordinarias, ¿qué le motivó a regresar a la República Dominicana?, ¿Qué tan difícil fue establecerse?

CV: Regresé a la República Dominicana a bailar en una función de la academia de mi madre, la Bella Durmiente. Interpreté el príncipe Desirée. Me percaté del talento emergente y decidí compartir mis experiencias y enseñar. Pronto, los estudiantes más avanzados de las principales escuelas de esa época, Madame Corbett y Clara E. Ramírez, se agruparon en una compañía preprofesional, a la que llamamos Ballet Clásico Dominicano, y allí sentí la necesidad de colaborar para desarrollar un repertorio y dotar de creaciones al grupo, una misión que compartí con Eduardo Villanueva y, par de años más tarde, por los éxitos fuimos oficializados, como Ballet Nacional. Enseguida, también fundamos Ballet Concierto Dominicano, donde jóvenes talentos encontraron un medio de desarrollo hacia la danza profesional. Regresé en varias ocasiones a USA, incluso como receptor de becas y premios como coreógrafo, pero la misión de colaborar con mi país me trajo siempre de vuelta.

RS: Usted ha sido maestro de varias generaciones de bailarines en el país, ¿qué sentimientos afloran en usted al ver los frutos?

CV: Ser profesor y poder ser testigo de que tus alumnos te superen es la mayor satisfacción.

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“Ser profesor y poder ser testigo de que tus alumnos te superen es la mayor satisfacción”.

RS: Recientemente, usted manifestaba que, cada cierto tiempo, tenemos escasez de talentos en la escena de la danza clásica en el país, ¿a cuáles factores considera que se debe esa realidad?

CV: La fuga de talento ocurre cuando en los países no se le da importancia suficiente a la danza, ni se reconoce su justo valor como profesión. Pero la tradición se crea con trabajo, calidad y constancia. Las audiencias son las que dan soporte a la existencia de las artes escénicas y musicales.

RS: ¿Cuáles tabúes acerca del ballet aún persisten que deben desconstruídos?

CV: Los tabúes hacia la danza existen por desconocimiento de lo que es el ballet. En los hombres, no importa cuál sea la inclinación sexual de cada individuo, el rol es masculino y se entrena para elasticidad y fuerza, además para partenear a la bailarina. Elegancia y destrezas son signos y características masculinas que no pueden convertirse en amaneradas, de lo contrario, no es ballet. RS: Ballet Concierto Dominicano dará la bienvenida su 42º aniversario próximamente.

Desde su perspectiva como director honorífico, ¿cuáles considera que son los aportes más relevantes de la entidad?

CV: Ballet Concierto Dominicano fue fundado por mi madre y ha sido un complemento de apoyo a la danza clásica profesional del país, contribuyendo a formar intérpretes, profesores y coreógrafos. Ha sido una institución que, con mucho esfuerzo, trata de retribuir y proveer facilidades a los profesionales que se forman en su escuela, o vienen de otros centros de formación, para integrarse en un entrenamiento y repertorio formal. A través de los años, ha invitado estrellas internacionales a compartir experiencias con los bailarines nacionales y ha servido, incluso, un sinnúmero de veces, de apoyo a la institución oficial, el Ballet Nacional.

La academia es un centro de formación con los beneficios que otorga estudiar danza, que incluye el programa de becas Clara E. Ramírez, y la Compañía-Fundación Ballet Concierto Dominicano tiene una función profesional, son dos misiones diferentes. Gracias a Sarah y al equipo de profesores, hemos tenido una larga y fructífera trayectoria.

RS: En marzo le fue otorgado el Premio Soberano a las Artes Escénicas de Acroarte, ¿qué significó para usted recibir este galardón?

CV: El Soberano a las Artes Escénicas significó una satisfacción enorme y un compromiso mayor con la misión que he tenido como artista y, ahora, como gestor y representante de la clase artística, no solo de la danza. Agradezco mucho a Acroarte su consideración.

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“Mi madre no me inculcó ser artista, yo lo decidí. Quizás llevaba la vocación dentro y ella me apoyó, al igual que mi padre”.

RS: ¿Cuál entiende que ha sido su mayor legado en su trayectoria en la danza?

CV: Crear consciencia de la importancia del arte como desarrollo espiritual y de conducta en una sociedad. Crear una institución que es hogar de gente con la misión de cultivar la mente, el cuerpo y el espíritu.

 RS: En la actualidad, ¿cómo visualiza la danza clásica en la República Dominicana?

CV: El ballet tendrá permanencia y más adeptos si seguimos en ascenso de calidad todos los hacedores de este arte. Ciertamente, con llenar un estadio gratis no se mantiene ninguna manifestación del arte. Se necesita de un público solidario que auspicie con su compra de boletos, los hay para todos los bolsillos. Aquí hay mucho talento profesional con vocación y entrega diaria.

RS: ¿Podría mencionarnos algunas labores sociales que se ejecutan desde el sector privado y el Estado para la promoción de las artes escénicas y musicales? ¿Qué falta por hacer?

CV: La Academia Ballet Concierto otorga becas a talentos jóvenes, la Compañía da charlas y presentaciones gratis en espacios públicos, y provee trabajo a bailarines, profesores y coreógrafos nacionales. En el sector oficial, la Escuela Nacional de Danza forma talentos auspiciados por el Estado. La danza tiene su rol social, en muchas maneras, en nuestro país y desde hace tiempo.

RS: Un mensaje a los jóvenes que desean ingresar al maravilloso mundo del ballet.

CV: El mensaje es que no pierdan tiempo. Mientras más joven se entrene correctamente, más oportunidad de éxito se tendrá. El ballet es un arte y disciplina que requiere estudio teórico y práctico. Tener metas claras y pasión por un oficio es el inicio de una posible profesión exitosa y recordar que hay muchos profesionales dominicanos con éxito en compañías extranjeras y otros haciendo patria aquí.

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CONFESIONES ÍNTIMAS

El arte es: Necesario en la sociedad.

Un apodo en la escena artística: “Cachirulo” (mi madre me lo puso).

Bailarín, coreógrafo o maestro: Coreógrafo.

Una obra de ballet tradicional: Giselle.

Una obra de ballet de su creación: Tiempo de Espera.

Un género musical: El barroco y el clásico.

Un artista dominicano: Maridalia Hernández.

Un referente en las artes escénicas: George Balanchine.

Un libro: Las Aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Un autor: Miguel de Cervantes.

Un artista plástico: Vincent van Gogh.

 Un país: República Dominicana y luego España e Italia.

Una ciudad: Madrid.

Su esposa Sarah Esteva significa… Es mi ángel y mi vida.

Un sueño por cumplir… Que la danza cale en el alma de nuestro público y sea una profesión cada vez más valorada.

Grisuleyda Guerrero
Grisuleyda Guerrero
Periodista, Locutora, Mercadóloga, Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas. "Comunicar es mi pasión. Me encanta contar historias de seres humanos que construyen".
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