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P.S. IT’S FANCY l Showcase: Chanel 2.55

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P.S. IT’S FANCY l Showcase: Chanel 2.55

P.S. IT’S FANCY.

 

Lo interesante de este escaparate es que luce la misma pieza desde febrero del 1955. Y es que cuando grandes genios, como Coco Chanel, se encuentran con la moda, sus creaciones nacen y el resto, más que historia, se convierten en páginas que están en constante proceso de redacción. Aunque es muy probable que eso no es necesariamente lo que tenía en mente cuando lanzó el “Matelassé” (alcolchado) 2.55 (en honor al mes y al año en que salió al mercado); ella más bien quería liberar a la mujer de todas las maneras posibles, empezando por las manos. Fue entonces cuando pensó en un bolso distinto, que sacara a las féminas de las tradicionales carteras de mano que hasta el momento llevaban a los eventos sociales; así que se ingenió el agregarle cadenas para llevarlas tipo bandolera, colgadas; de modo que, por primera vez, la mujer tendría las manos desocupadas en todas las reuniones a las que asistiera. Sin dejar a un lado la elegancia que tanto le caracteriza y pensando en cada detalle, terminó presentando al mercado un diseño atemporal, que no solo la libertó a ella y a las mujeres de la época, sino a todas a partir de entonces.

El diseño

Se dice que su inspiración venía de todos lados, sobre todo de lo que estaba viviendo. Por lo que no es de extrañar que este diseño corriera con la misma suerte. Tomando como musa a las bolsas militares de la época, inició su diseño. Lo hizo cuadrado, de unos 20 centímetros de largo, con tres bolsillos de fuelle, dos más anchos en los extremos y uno más pequeño en el centro para guardar la barra de labios. Además de la doble solapa de cierre, donde agregó un cuarto bolsillo camuflado que bautizó con el nombre de ‘secreto’, pensando en un compartimento para esos artículos más íntimos de toda mujer, especulándose, en su caso, que fuese el escondite de las cartas que les enviaban sus amantes. Le agregó cadena doble, para que pudiese lucirse suspendida desde cualquier parte del brazo. Lo del cuero acolchonado en el exterior se discute; algunos asumen que está basado en los atuendos de los jinetes de carreras a las que la diseñadora asistía a menudo; otros insisten en que se relaciona a los muebles de su apartamento. Sin embargo, lo del forro interior en piel color borgoña y el grabado de la doble C siempre estuvo muy claro; el primero por los pigmentos que tintaban el uniforme que llevaba en tiempos de orfanato y el segundo, por Coco Chanel.

Reinventando un clásico

A pesar de ser un bolso adaptable a todos los tiempos, y a todas las horas del día, la entrada de Karl Lagerfeld a la maison francesa en el 83, significó un antes y un después, inclusive para el 2.55. Sin embargo, lejos de buscar ese contraste marcado entre pasado y presente, el diseñador versiona la cartera base una y otra vez, temporada tras temporada explorando con color, tamaño y hasta texturas, aunque más bien esta última hace mayor referencia a los apliqués y bordados con los que Karl ha impactado al público desde lo inesperado. Sin embargo, la cartera, tal como la creó Chanel, se conserva; esa solo sufrió una ligera actualización: la doble C de cierre y un poco más de centímetros en la cadena, que, dicho sea de paso, se encuentra en metal blanco y oro.

Las primeras en llevarlo

Un perfil que permanece. Después de la mismísima diseñadora, el 2.55 se convirtió en el favorito de grandes personalidades de la época y de los años que le siguieron. Jackie Keneddy, Brigitte Bardot y Jane Fonda son solo algunos de los nombres que encabezan la lista. Lo más interesante de esta pieza es que el perfil de sus consumidoras no ha sufrido grandes cambios a la fecha.


EDITORIAL.

Si pensamos la moda como un conglomerado de tendencias pasajeras, no hemos entendido para nada la esencia de Chanel por más gotas de No. 5 que llevemos en la piel. De pasado bastante complicado y una vida personal que fue reflejo de todo ello, canalizó sus emociones, sus luchas y sus más importantes deseos a través de piezas que cambiarían la historia para siempre. Intentó reescribir su pasado muchas veces, pero la voz de su presente fue más poderosa. Fue probablemente entonces cuando confirmó quién era, aunque internamente siempre lo supo. De firma que superó a la perfección el estallido de dos guerras y un carácter igual de fuerte y decisivo, Coco, y Gabrielle (su nombre de nacimiento) dejaron detrás patrones de conducta para mostrarse como la rebelde elegante que tanto necesitaba la moda, y en los párrafos introductorios de todo un libro de vida a favor del empoderamiento femenino. Lo hizo así, encontrándose y siendo nadie más que ella. De lo mismo impregnó a sus creaciones, porque nunca intentó que ninguna de ellas encajara en el rompecabezas de la época, más bien, las ideó para que rompieran ese y todos los moldes. De allí que más que simple moda, generara clásicos, piezas cuyo protagonismo y demanda no dependieran de ningún contexto, más que de la simple magia que descansa en el lujo. Y es justo una de ellas, quizás la más emblemática de todas las de su género, la que tenemos hoy en vitrina (showcase): el Chanel 2.55.