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P.S. It’s Fancy l Once in a LifeTime: Elsa Schiaparelli

P.S. It’s Fancy.

Once in a LifeTime

Elsa Schiaparelli

En una época en la que reinaba el estilo minimalista y sencillo de Gabrielle Chanel, Elsa Schiaparelli cambió el esquema de la moda, dándole un carácter fuerte y definitivo que ofrecía color, humor, ironía e innovación. Lo definieron como “Strange Glamour” en las revistas norteamericanas y el cine lo propuso a través de sus íconos sexuales, como Greta Garbo. Su lenguaje era distinto y sus propuestas fueron un punto de partida de muchas tendencias de la actualidad. En 1927, creó el primer jersey tejido a mano que Vogue consideró su obra maestra.

Model wearing Schiaparelli silk organdie strapless purple dress and purple gloves with a navy pleated overskirt apron turned back and bow tied in the back. (Photo by John Rawlings)
Ascot Fashions by Schiaparelli.
Photograph by James Jarches.

Las colecciones de prendas de punto se complementaron con salidas de playa y bañadores, conjuntos deportivos de tweed, trajes de esquí y vestidos de noche. También fue la primera en diseñar un vestido con zipper visible para haute couture y obtener licencias en Estados Unidos para utilizar estampados en la ropa, además de diseñar zapatos y medias de colores. Como mujer moderna e innovadora, presentó una patente para un bañador de una pieza con sujetador integrado al que llamó «postizas» que más tarde adaptó también a los vestidos.

Fue pionera de la creación de piezas de colaboración con un artista, como el collar de porcelana “aspirina”, con la artista Elsa Triolet. En 1954, cerró su atelier para dedicarse a otras de sus pasiones: escribir, en este caso su autobiografía, Shocking Life, donde resaltó que la clave de su éxito, siendo empírica en la moda, fue rodearse siempre de un equipo de expertos. Su legado profesional fue retomado más tarde, en 2012, cuando la «Maison» volvió a abrir sus puertas.

Editorial.

Su vida inició en Roma en 1890 y “terminó” en Francia, en 1973, pero, en el intervalo, conquistó tantos puntos del mundo. En su época, entre guerra y guerra, supo liderar su propia batalla como ninguna otra mujer lo había hecho antes en la moda, ni en la vida. Bueno, quizás sí: Coco Chanel, por lo que, en su momento, fueron consideradas grandes “rivales” dentro de la industria. Su nombre fue sinónimo de revolución y atrevimiento, pero también de excentricidades y una genialidad gigantesca. Y es que, en la práctica, Elsa supo romper con los esquemas establecidos, renovar ideas preconcebidas sobre la belleza y la elegancia, y llevar al mundo un mensaje claro de independencia y libertad de creación, colocando su nombre en la lista de personajes más importantes de la historia. Redujo el guardarropa de las mujeres, vistiéndolas con diseños combinables y funcionales, que se adaptaran a las necesidades del momento y les permitieran llevar una maleta pequeña. En su apogeo, en la década de los 20, el movimiento surrealista acogió el fenómeno de la moda como una experiencia de arte y una forma a través de la cual llevar su discurso. Esta ofrecía un terreno lúdico, creativo y de expresión de sus preceptos artísticos. De origen aristocrático y cultura exquisita, y viniendo de una familia de egiptólogos, astrónomos, maestros y aristocracia, Elsa unificó visiones y trajo al presente aquellos poemas que escribía de niña, ahora en forma de prendas de vestir. Lo suyo era un glamour diferente, que no trataba de exaltar la belleza natural sino, más bien, lo irónico, lo desafiante. Era una estética construida para mujeres psicológicamente maduras que, a través de la contradicción y contraste, dejaba a cada observador en un eterno estado de impresión.