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Meryl Streep: «Interpretar a Katharine Graham ha sido uno de los retos profesionales más importantes de mi vida”

EN PORTADA.

Intelectual.

Meryl Streep

«Interpretar a Katharine Graham ha sido uno de los retos profesionales más importantes de mi vida”

Ella tiene la sensibilidad necesaria para sumergirse debajo de cualquier piel e interpretarla a la perfección, lo que le ha llevado a ser una de las actrices con más nominaciones de todos los tiempos. Esto sin mencionar su más reciente papel, el de Katharine Graham, en el film “The Post”, que con pocos días de estrenado le ha permitido ser parte activa de un movimiento social que trasciende a Hollywood.
textos Natalia Nachón / fotografías Vera Anderson, Tara Ziemba, Christopher Polk, Dave J Hogan, Elisabetta A. Villa, Paul Morigi, Venturelli, Mike Marsland, John Stillwell, Santi Visalli, The Washington Post, Ron Galella y Lawrence K. Ho.

Las gafas cuadradas y el cabello dorado le caracterizan, aunque de niña lo llevaba castaño. Su habilidad para imitar un gran número de acentos es impresionante, quizás tanto como su voz, porque si Mary Louise Streep estuvo en contacto con alguna rama del arte desde pequeña, fue con la Ópera.

“Creo que lo más liberador que hice al principio de mi carrera fue dejar ir cualquier preocupación por mi aspecto, prefiero que sea mi trabajo el que hable y todavía no cambio de opinión al respecto”.

Desde siempre fue bastante introvertida. De hecho, se ha descrito, en más de una ocasión, como tímida y hasta un tanto insegura. Destaca que su madre jugó un papel trascendental en su autoestima, sobre todo durante la adolescencia, impulsándole a convertirse en “cheerleader” y actriz en las obras de la secundaria.

Lo de “Meryl” viene de su padre, así le llamaba desde que tiene uso de razón y vivían en Bernardsville, Nueva Jersey, es la combinación de sus nombres: Mary Louise. A ella le disgustaba, admite que hubiese preferido tener un nombre más simple, más común; sin imaginarse en aquel momento que sería justo su apodo el que le acompañaría a la fama.

Desde joven fue muy observadora, profunda, curiosa; le gustaba escuchar y practicar eso de “ponerse en los zapatos de los demás”. Los derechos humanos, la igualdad, justicia, feminismo fueron todos siempre de su interés, por lo que pensó en una carrera que le permitiera estar en contacto con todos ellos para la universidad.

Iba ser abogado, pero el despertador no sonó el día de su cita con el director de la facultad. Lo tomó como una señal y de inmediato se inscribió en Artes Dramáticas en Vassar College, siguiéndole maestría en Bellas Artes en la Escuela de Drama de la Universidad de Yale.
Siempre se ha cuestionado eso de no atreverse primero por la actuación. A pesar de sus experiencias previas en las tablas, y lo mucho que le apasionaba, confesó que no lo consideraba como una «carrera de peso», dando prioridad al cómo la vería la sociedad que ella a si misma. La batalla que libraban las mujeres en aquel momento no era para menos,  Meryl quería dar prioridad a su intelecto y explotarlo, por lo que una vez se atrevió por las artes dramáticas, no le subestimó jamás.

Al graduarse se quedó con el teatro, tanto en Nueva York como en Nueva Jersey. Protagonizó la obra de Broadway Happy End y ganó un premio Obie por su participación en Alice at the Palace. Poco a poco incursionó en la pantalla chica y el cine. Le tomó unos años llegar al séptimo arte, no fue hasta sus 27 que logró participar en la primera película. Admite haber sido tildada de «poco atractiva» para las cámaras.

Un año más tarde, en el 1978, recibió el premio Emmy por su protagónico en la serie Holocausto y fue candidata por primera vez al Oscar por The Deer Hunter, premio que ganó un año más tarde por  Kramer vs. Kramer.
A un listado de diversas películas con papeles secundarios, le siguió un sinnúmero de protagónicos. Algunos acompañados de nominaciones que desenlazaron en grandes victorias. Fue premiada por la Asociación de Críticos de Los Ángeles, el Círculo de Críticos de Nueva York y la Sociedad Nacional de Críticos por sus interpretaciones en la comedia romántica Manhattan, el drama político The Seduction of Joe Tynan y el drama familiar Kramer contra Kramer.

Desde entonces, más que coleccionar premiaciones, empezó a demostrar su capacidad de adaptación y soltura para “ser” dentro de cualquier género. Y con esto último nos referimos a esa habilidad tan poco común de adentrarse tanto en un personaje que no deja escapar ningún rasgo de su personalidad en ninguno de ellos.   

A excepción del más reciente, el de Katharine Graham, la editora y propietaria del legendario periódico estadounidense The Washington Post; que desafió las órdenes del presidente Nixon, publicando documentos del Pentágono justo en la primera plana; en una década donde pocas mujeres estaban al mando, la libertad de expresión en juego y donde Meryl, en lo personal, se enfrentaba a una realidad bastante similar, los 70.

Este film, The Post, dirigido y producido por Steven Spielberg, viene a «recordarnos lo cerca que estamos de aquellos tiempos». Empezó a escribirse meses antes de las recientes elecciones de Estados Unidos, cuando se apostaba por el triunfo por primera vez, de una mujer como presidente de la nación. Contrario a las expectativas, la película no se detuvo y a pocos días de estrenada, las impresiones han sido más altas de lo esperado.

“Es increíble que nos tomara tanto como industria, contar una historia desde los zapatos de la verdadera protagonista. Katharine Graham es hoy un paso en este movimiento social de equidad y respeto a favor de todas las mujeres, tal como lo fue en sus tiempos”.

Posible consecuencia o no de lo que planteó Streep en la rueda de prensa del largometraje: «La realidad a la que nos enfrentamos como sociedad en estos momentos no tiene nada de distinto a lo que proyectamos en pantalla, la diferencia es que hoy la audiencia, la población, todos están conscientes de lo que pasa y con eso se puede hacer mucho».

“El verdadero regalo del universo a los seres humanos es el poder de la empatía; cuando lo ponemos en práctica la atmósfera cambia”

Para Streep, invitada en múltiples ocasiones a presentar premiaciones para la prensa y medios de comunicación, dar vida a una dama tan significativa para la historia de la política y el periodismo ha sido uno de los mayores retos de su vida personal y profesional.
Como ha hecho desde su primer día en la industria, investigó a su personaje mucho antes de tener el guión en sus manos. De Graham descubrió que además de ser «el fiel producto de su época», donde una mujer no se pensaba como líder más que de las tareas domésticas; fue una hija que tuvo mayor contacto con las niñeras que con su madre, lo que Meryl supone pudo haber influido en su timidez, inseguridad y, hasta cierto punto, necesidad de aprobación.

Son justo estos rasgos de su personalidad los que hacen a este personaje tan interesante. Porque el haber sido capaz, al final, de tomar la decisión de publicar por encima de prohibiciones, estando todos sus asesores en contra, poniendo en riesgo, no solo al medio de comunicación, sino también al negocio familiar que representaba, significó, más que un «acto de rebeldía» a favor de la libre expresión y los gobernados, un antes y un después para la vida de cada mujer a partir de entonces.