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Lucía Amelia Cabral: Sensibilidad, gracia e indiscutible calidad literaria

El amor por sus raíces, creatividad e imaginación es el toque especial que distingue la pluma de la escritora, ganadora del Premio Biblioteca Nacional de Literatura Infantil 2021, Lucía Amelia Cabral. Su gracia al escribir se distingue en su persona, así como plasma con magistral destreza sus historias. Tener el privilegio de leerle es alivio para el alma, es elevar lo cotidiano, es despertar en nuestros pequeños la imaginación y enseñarles el valor de su identidad, ofreciéndonos una visión esperanzadora de nuevas generaciones. Su invaluable aporte a la literatura dominicana y su estética literaria son merecedores de nuestra admiración y nos convierten en portavoz de una prolífica carrera que enorgullece a todos los dominicanos.

fotografía Víctor Stonem Estilismo Joselo Franjul Agradecimientos Carolina Herrera y Casas del XVI Locación Casa de los Vitrales

»La literatura para niños no tiene edad. de la mano de la emoción, descubre su tesoro de historias, ya en prosa, ya en versos, para los de muy tierna edad, los niños mayorcitos y sus papás. Con su estela de gracia y sencillez, de empatía y esperanza, es verdaderamente literatura para la familia».

RS: ¿Cómo es Lucía Amelia Cabral? ¿Cómo se describiría?
Lucía Amelia: Dominicana por cuna y emoción. Vengo de un hogar de esmerados padres militantes de una agenda de familia, donde lo mucho era sencillo, donde no se hacía gracia a las futilidades ni cabía el desperdicio del tiempo y las cosas, donde el sí era sí y el no, no. Soy la segunda de siete hermanos. Ellos son uno de mis más caros privilegios, abanico de diferencias unidas en el apoyo incondicional.
Uno aprende de quien uno ama.

Mi mama era trilingüe. Hablaba, claro, español, inglés y también el idioma inequívoco de la mirada. Ella me enseñó que la rueda avanza si uno procura hacerla girar. Que aún detrás de lo pequeño debe de haber un buen trabajo. Que la voluntad se cuida y se bruñe. Que la cocina y la mesa son sabrosamente innegociables. ¡Qué sentido práctico el suyo, mujer entregada, desprovista de reloj, a quien nunca abrumó la multitarea. Como quisiera algunos días sentir que, en vez de calzar los míos, son sus zapatos prestados los que me permiten andar con imperturbable firmeza, ajena a tonterías que distraen.

Lucía Amelia Cabral

Con mi padre aprendí tantas otras cosas imprescindibles. Él me alfabetizó. ¡Siempre pensé que conocía todas las palabras que existen! Me maravillaba como podía al vuelo corregirme al leer para él el periódico en alta voz. Me enseñó también a usar el diccionario, incluida la sección segunda de los nombres propios. También a ubicar los países en el mapamundi y recitar sus capitales. A organizar las ideas frente al espejo. Y, como herencia inagotable, el ejemplo de que uno para todos y todos para uno, es la verdadera ingeniería de la familia.
Uno es suma de lo recibido, de lo compartido, de lo valorado. El pase de antorcha es un rito enaltecedor.

Lucía Amelia Cabral

RS: ¿Cómo descubrió su faceta como escritora de literatura infantil? ¿Cuál fue su motivación?
LA: Tal vez fue una tarde cualquiera o quizás una mañana de semana. No soy amiga de fuerzas destructoras, tampoco del miedo o de sublevar la razón que martiriza la convivencia. Y en algún instante iluminado, tiempos ha, armada de dones y colores nuestros, quise confrontar a furiosas madrastras y brujas, lobos y ogros impiadosos, personajes crueles, muchos de estos nacidos en la tradición oral europea. A mi modo, sin encono.


RS: ¿Sus padres influyeron en su lectura o escritura?
LA: Intercambiaba libros con mi papá, compartía libros de cocina con mi mamá. Mis padres, mis tíos, el cariño de los abuelos fueron y siempre serán ese árbol robusto, de raíces y enorme copa que nos cobija. Sin necesitar lápiz y papel, ellos escribieron una historia que nos facilita leer la vida.

Lucía Amelia Cabral

RS: ¿Cómo definiría su escritura para niños?
LA: Pasión y desafío, convencida que la palabra afirma y nos reafirma. Es un lúdico espacio, al que le encanta ondear sus banderas de optimismo.

RS: ¿Existe algún texto de literatura infantil que haya marcado su infancia?
LA: Sobreviven mis años lejanos de la Cenicienta, Caperucita, Hansel y Gretel, Pulgarcito, El patito feo, entonces publicaciones de letra e ilustraciones clásicas, hoy con opciones de cine, pantalla chica y mucho más.

RS: ¿Qué no puede faltar en la literatura infantil?
LA: Honestidad, emoción, diversión, camino. La literatura para niños es o no es. Ni chiquita, ni grande, ¡es! Ni sexista, ni racista, ni antirracista, ni boba, ni moralizante, ni manipuladora.

RS: Si tuviera que elegir una sola de sus obras, ¿Cuál sería? y ¿Por qué?
LA: De hay cuentos que contar, mi primera publicación, me quedo con el amor de Caracolita y el arquitecto Caballito de la Mar, el brioso galopar de Gabino, la sabiduría del doctor Helecho, galeno prudente y estudiado, que sanó para siempre el pétalo herido de la florecita rosada.


El camino de Libertad me regaló una travesía inolvidable. Qué entrega la de Libertad, qué esmero al conducir a todos, qué marcha triunfante de la amistad. El largo trayecto es una oportunidad para Libertad. Al volante de su cargado camión conversa asuntos importantes con Esperanza, risueña gota de rocío de la mañana, y con el trajinado zapato Esfuerzo, con Almendrito Perseverancia, de muy robusto entusiasmo, y el pajarito pardo, entrañable testigo que, desde arriba, con gozo dibuja en el aire la ruta del cargado camión.

Lucía Amelia Cabral

Dime tú que digo yo es un paseo, con deseos de ser apetitoso. Agradezco a cada uno de los personajes que tocaron a la puerta de mi cocina. Algunos viajeros del túnel del tiempo, otros muy de hoy, no faltan un par o dos de gruñones y atrevidos y la carga emotiva de seres muy risueños del mundo de verdad y de mentira.


Mi abecedario, de la A a la Z como en avestruz, es un variopinto desfile de amigos, con toda suerte de afanes y circunstancias. No pude negarme ante la CH que con intrépidos giros de chichigua me reclamó que le garantizara un espacio de primera en mi libro. A seguidas lo mismo hizo la LL y, después de tantos años de cariño, obvio que ni a una ni a otra, pude decirle que no.


Mi última publicación, Zumeca, novela para jóvenes, me permitió deslizarme en un escenario distinto, un espacio por estrenar. Es mi historia de una fascinante historia. Se trata de un tema fundacional, del encuentro de dos culturas, del establecimiento de la ciudad primada del nuevo mundo, del nacimiento del primer mestizo hispanoamericano. Significó documentarme, viajar siglos atrás, no perderme y escribir para contar.

»La palabra es el principio de todo. somos en la medida en que somos dueños de la palabra».

RS: ¿Cómo es el proceso de documentación e inspiración al momento de usted escribir?
LA: La inspiración no es un proceso, es un instante revelador, ese afortunado inicio de lo pendiente y ese hilván mágico que casa la idea con la palabra. Y la imaginación, no la documentación, es la plataforma que la sustenta. En la concha de las manos nos coloca nubes claras o nos regala estrellas y en el pelo nos teje voces y sueños.

RS: Si usted fuera a escribir el libro de su vida en este momento, ¿Por cuál palabra iniciaría?
LA: La primera palabra, no sé. El inicio de un texto tiene sus exigencias. Pero si he de contestar, fácil escojo una manida palabra de cabeza a pies generosa. Gracias. Gracias… a la alegría de levantarme todos los días, al entusiasmo por descubrir lo nuevo y mejor, a la energía que espanta el pesimismo… gracias al pequeño o grande que, entre páginas, comparte mis amigos, gracias… a los míos, los que han partido sin irse, a Fabio, a los hijos que nos pisan los talones y los nietos cada uno especial, ellos y tantos más permanentemente convocados en la sinceridad del afecto.

RS: ¿Qué papel cree que deberían jugar las bibliotecas o el fomento de planes de lecturas en las escuelas y colegios?
LA: Todo empieza a la puerta de la palabra. Nos permite reconocernos y encontrarnos. No disgrego, apunto. Así como la lactancia materna es un vínculo con tantas más virtudes que lo alimenticio, desde la gestación la madre puede favorecer el inicio del proceso del lenguaje, el futuro aprendizaje del niño, su confianza y … beneficiar la creación temprana de hábitos lectores. Mimar el vientre hermoso, redondo recinto de la esperanza, hablarle a la criatura en su nido, es más que un desborde de ternura e ilusión.


Ese amor y protección acurrucan. Nos hace mejores seres humanos. Contribuye a neutralizar la espiral de marginación y pobreza, convidando la dignidad para que nos tome de la mano. ¡Estimulo espléndido y gratis! Mientras, ¡es evidente y lastimoso! ¿Cómo entender que el libro y la actividad cultural especialmente dirigida a niños y jóvenes no tengan mayor presencia que las bancas de apuesta y los colmadones? Los parques son espacios ideales que han de ser reivindicados. Más que multiplicarse las motocicletas en pueblos y ciudades, deberían hacer camino las bibliotecas móviles.

Lucía Amelia Cabral

Se hacen esfuerzos pero no nos hemos embarcado en una verdadera cruzada, presencial y virtual. La lectura ha de reunir a padres y escuela, a la voluntad pública y privada en el compromiso participativo. La siembra de semillas, anuncia retoños. Hay plausibles ejemplos pero ciertamente falta una convocatoria nacional.
Muy sabio quien alguna vez dijo que ‘individualmente somos una gota de agua, pero juntos somos un océano’.

”Creo en el derecho a la imaginación. Su arma secreta es la certeza de que todo puede ser posible. Tiene alma, tiene duende y esa chispa curiosa y traviesa que cuestiona el orden reinante de las cosas.”

RS: ¿Cómo ve el panorama actual de la literatura infantil en nuestro país?
LA: Hoy jóvenes y consagrados creadores definen juntos un panorama auspicioso. Un colectivo valioso que siembra de esperanza las letras y el destino de nuestros niños y jóvenes. La literatura no es una herramienta eficiente, es una fuerza poderosa que puede remontarnos al sol y también permitirnos bucear en las profundidades de los mares que nos unen. Es prodigiosa y redentora.

RS: Esperamos dejar gratos recuerdos de nuestra sesión de fotos, ¿Le rememoró alguna buena época o algún momento de felicidad el lugar elegido?
LA: ¡Qué matinal aventura de ropa escogida, de poses en busca de gracia, al mando un equipo risueño y formidable! Confieso que no me manejo cómoda en esos menesteres. El lugar elegido para las fotos, palacete de principios del siglo pasado, es imponente y hermoso. La luz de sus vitrales, con mucho acento de amarillo, es una fiesta. Nuestra Ciudad Colonial es un tesoro.

”La imaginación es una palabra clave, un fenomenal paseo en zancos, un
árbol florecido, un helicóptero de cristal en comando automático sobre
la línea que une el cielo y el mar. Es una inspiradora herramienta de vida, más que generosa, poderosa».

lucia amelia 4

Confesiones íntimas

Un escritor

Más que 1, más que 10 y tantos más. Ciudadanos
de la palabra, compañeros de visión y misión. Escritores dominicanos unidos en el entusiasmo y el trabajo, dedicados a la literatura para niños y jóvenes,
apta para todas las edades.

Un libro que le habría gustado escribir

El más divertido de todos para la familia

El camino de Libertad de Lucía Amelia es

Eso, fe en el camino y amor por la libertad. Y una bella amistad con Esperanza, Esfuerzo, Almendrito, Perseverancia y el pajarito centinela de alas pardas.

Una frase

Inexorablemente amanece después de la noche más oscura.

Un lugar para escribir

De cara a un ventanal que me regale cielo y luz.

Un momento de su vida

¡Cuando nací! Cuando reparé que la vida es asombrosa. Cuando nacieron mis hijos. Cuando despedimos a nuestros padres. Cuando nacieron mis nietos.
Cuando despierto, esté el día despejado o nublado.


Sue Helen Rodríguez
Sue Helen Rodríguez
Periodista, amante del mundo digital, de la cultura y la lectura.
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