Kahkow, New York Store

El arte del Cacao Dominicano

El cacao dominicano llegó a una de las ciudades más importantes de Estados Unidos, Nueva York, de la mano de Kahkow, un proyecto que inicia en el 2005, en San Francisco de Macorís, con la familia Rizek, y que cuenta con una formidable experiencia en la producción de cacao fino y de aroma en la República Dominicana.

Su próxima visita a Estados Unidos debe tener este destino. Encontrar un pedazo de tu tierra en otro país, es una maravilla, y más si se trata de degustar el cacao, o más bien, Kahkow de tu tierrita.

La tienda tiene un concepto muy original. Cuenta con dos muros de video, a través del que los visitantes pueden experimentar vistas de las fincas de esta familia, justo en el lugar que mantiene vivo ese chocolate, donde se produce y cosecha el “arte del café dominicano”, ese que se considera “el alimento de los dioses”.

Es importante destacar que la producción es realizada en el Centro para la Transformación Integral del Cacao (CETICO), una instalación única que busca producir las mejores y distintivas recetas de granos de cacao. Es considerada como la primera poscosecha totalmente integrada, que incluye fermentación y secado.

En la locación se muestran algunos de los mejores y más galardonados chocolates en la industria del frijol a la barra de todo el mundo y, al lado, se encuentra la información de cada una de las barras de chocolate de esta selección curada, describiendo sus orígenes, proceso de producción y otros detalles únicos.

Visitar este lugar es una experiencia que incluye todos tus sentidos: comerás, sentirás, olerás, escucharás la historia y, sobre todo, aprenderás de una de las historias más bonitas y exquisitas del orgullo nuestro, en lo que a cacao respecta.

Kahkow tiene, además, responsabilidad social. Colabora con la Fundación para la Asistencia Social, Recuperación y Manejo Orgánico de Plantaciones Cacaotaleras, que brinda asistencia técnica a sus 2.5K agricultores afiliados.

Patricia Acosta
Comunicador Social y Periodista Entendí desde muy pequeña el poder que tiene la palabra, mejor aún, plasmarla con sentimiento para transmitir las emociones del arte. Quiero ser más humana, sonreír más, ser agradecida y ser mejor persona.
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