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José Antonio Molina

Heredero del talento y el arte.

Es inevitable verlo actuar en el escenario, tomar la batuta en sus manos, iniciar la melodía y no nos transportemos a otra dimensión, llena de mucha paz. Es increíble y asombroso lo que puede hacer con cada movimiento de sus manos, eso es arte. Salió del país, a principios de los 80, a estudiar con la ilusión de convertirse en el pianista más grande del universo. La música es su razón y esencia. Para él, ser músico trasciende el privilegio de nacer con talento o vocación artística: es una actitud ante la vida, y un vínculo y compromiso innegociable con la excelencia.

Sus horas más fértiles y productivas, creativamente hablando, son las primeras horas del amanecer y, para esto, prefiere escuchar música muy adentrada la noche. Siguió los pasos de sus padres, pero nunca lo escogió. Entiende que la música ha sido un regalo de Dios, tan orgánico y visceral como la vida misma. De hecho, no puede recordar cuándo comenzó una o la otra. Desde que tiene uso de razón, han coexistido en su ser para ir construyendo, paso a paso, el hombre y el músico que es hoy. “Sin una, no tiene razón de ser la otra”, aclara siempre Molina.

Al subirse al pódium a dirigir, siente en su alma que ha dado el milagro. “Siento a un duende revolotear y dar volteretas dentro de mi corazón”, explica el artista. Aterriza a la realidad con la última nota de la obra que esté dirigiendo. Nos confiesa que solo cuando siente la sensación de haber escrito la obra que interpreta, sabe que será un concierto verdaderamente memorable e irrepetible.

José Antonio Molina habla de sus padres desde un sentimiento de celebración y júbilo por ser el fruto de un hermoso maridaje entre la música y la danza. El maestro se refirió a ellos como seres humildes y de grandeza. Como músico, ha tenido el inmenso privilegio de estudiar, reestudiar y coexistir, durante toda su vida profesional, con las obras de los más grandes compositores del repertorio sinfónico universal, desde Bach hasta Bartók.

Su filosofía de vida siempre ha sido que la felicidad, en términos absolutos, revela, es una verdadera utopía. Se puede ser feliz cada día de nuestras vidas, cuando nos vamos a la cama cada noche con el alma limpia y la conciencia tranquila. Define la humildad como la verdadera fortaleza de los hombres y mujeres que nacieron realmente grandes. Cuenta, que de niño, aprendió que los hombres son más altos cuando están de rodillas ante Dios.