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Gabriela Llanos

Gabriela Llanos

“A escribir se aprende escribiendo: no hay fórmulas mágicas”

Escritora, periodista y profesora de escritura creativa

Su vida ha estado marcada por dos circunstancias: las mudanzas (ha residido en cuatro países) y el descubrimiento de su vocación temprana. “Siempre supe que quería contar historias”, deseo que ha cumplido como periodista, especialmente en la radio, con sus tres novelas y otros tantos cuentos publicados. Se define más de ciudades que de países: de Madrid, de Buenos Aires y, desde hace seis años, de Puerto Plata, donde cada día procura atrapar ideas con vistas al mar.

¿Todos podemos aprender a escribir ficción?
¡Por supuesto! El mundo está lleno de historias esperando ser contadas. Sólo hace falta frotar las dos piedras para encender la llama de la creatividad, y así despertar la capacidad de fabulación con la que todos nacemos.

¿En qué consisten sus talleres de escritura creativa?
Son clases prácticas porque a escribir sólo se aprende escribiendo. Enseño la técnica del relato breve para que, mediante la corrección colectiva, mis alumnos encuentren su propia voz. Es como hacer una tortilla de patatas: la primera vez tendrás que seguir una receta y no te saldrá muy bien, con la práctica irás mejorando y ya no mirarás las instrucciones, hasta que llegue el día en el serás capaz de construir tu propia versión de la tortilla.

¿Qué es lo más importante a la hora de escribir ficción?
Hay una máxima fundamental: “no me lo cuentes, muéstramelo”. Estamos acostumbrados a narrar acciones y describir partiendo de generalidades; pero el lector no quiere sentir que “alguien le está contando algo”, el lector quiere sentirse dentro de una historia, reproducirla en su cabeza, emocionarse, vibrar…

¿Qué le recomienda a aquellos que deseen lanzarse a la aventura de escribir?
¡Que lean mucho! La lectura es fundamental para aprender a construir imágenes efectivas, para mejorar el vocabulario y la capacidad de comunicar en general. Recomiendo practicar la concreción, la habilidad de cerrar ideas, alimentar la curiosidad y ser muy disciplinado; eso es básico para cualquier escritor.