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¡Es Adviento!

Reportaje Especial

Una invitación a recordar aquellas voces que han trazado el camino del derecho y dignidad en el mundo y en nuestra nación.

La lengua latina, que caracteriza a casi todo el mundo occidental, es la que nos regala la palabra Adviento, que significa Venida del Redentor. Un Occidente señalado por su mirada abierta y cálida hacia el otro, virtud que cotidianamente nos invita a la universalidad.

Representada esa universalidad por vez primera en un pesebre pobre y algunas veces olvidado, que se revive con el significado verdadero de la palabra Adviento y su tiempo de preparación espiritual previo a la celebración de la Natividad. Es decir, al nacimiento del Mesías esperado y preconizado por las voces de los profetas, especialmente de Isaías.

«He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.» Isaías 7:14

Un Mesías que traería esperanza, sobre todo durante aquellos tiempos turbulentos cuando el pueblo de Israel, pueblo que representa a los pueblos creyentes, se encontraba bajo el yugo de la conquista y que se negaba a escuchar. Por ello, ante la sordera moral y espiritual, el mismo Isaías levantó de nuevo su voz:

Ego vox clamantis in deserto

Soy la voz que clama en el desierto

Aquella voz, rechazada en el Desierto de Babilonia, la retomará el precursor del Mesías, Juan el Bautista, en las aguas del Jordán ante la misma insensatez del pueblo de Israel:

Vox clamantis in deserto

Soy la voz que clama en el desierto, enderezad el camino.

Voz que recuperará su vigor y esencia en este Santo Domingo tan nuestro cuando un grupo de monjes, solo vestidos y alimentados de buena fe y hospedados en una humilde choza acompañados de animales, testigos de la verdad, cual aquel pesebre de esperanzas, deciden, una venturosa mañana de Adviento,  actuar: levantar sus voces y sentir a través de la voz de Montesino, reclamando libertad y dignidad ante la misma insensatez de la conquista:

Ego vox clamantis in deserto.

Soy la voz de Cristo en el desierto de esta isla;

¿decid, con qué derecho?

Aquella humilde choza y corral son hoy el jardín lateral del altar mayor del Imperial Convento de los Dominicos sembrado de flores y plátanos, símbolos de la llegada de una fe sustentada en la universalidad.

Fueron tres ocasiones en la historia de la humanidad, que tres voces se han levantado exigiendo libertad, justicia y dignidad y nuestra tierra tiene el honor y responsabilidad de haber sido escenario de aquel reclamo que hoy continua vigente.  Un orgullo eterno para esta Ciudad Colonial de Santo Domingo; para toda nuestra isla; para aquella España que supo reflexionar; para el inmenso Continente Americano y para toda la humanidad.

Un reclamo que se replicará, a través del espacio y los tiempos y que, desde estas playas, hoy dominicanas, será el embrión de lo que hoy conocemos y ostentamos como Derechos Humanos, reclamados por aquellos primeros monjes y defendidos por Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Francisco Suarez y otros tantos que, con su pluma y su voz gestaron el Derecho de Gente preámbulo de nuestros derechos de hoy .

Derechos en ciernes cuando Isaías, El Bautista y Montesino, levantaron sus voces y que hoy nos invitan y conminan a ser dignos herederos de aquel magno acontecimiento de una mañana de Adviento que jamás debemos olvidar.

Mensaje de verdad, justicia, dignidad y libertad, pilares de la dominicanidad que figuran, desde su concepción en el documento primario de la Sociedad Secreta la Trinitaria; en el Manifiesto de Separación; en nuestra Carta Magna; en nuestro Escudo e Himno Nacional y que son una senda a custodiar y seguir para quienes nacemos y amamos esta tierra dominicana.

Que retumbe esa voz en ríos, montañas y valles; en nuestras mentes y corazones y juntos hagamos de este nuevo Adviento una renovada oportunidad para reflexionar y, naturalmente actuar en bien de nuestra nación y de toda la humanidad.

Fray Antonio Montesino la voz que clamó en el desierto de nuestra isla.
Fray Bartolomé de las Casas
Adviento
Convento De Los Dominicos – Gestores y custodios del mensaje de Adviento del 1511.
Corona de Adviento que invita al amor; la paz; la tolerancia y fe rodeada de pino que significa eternidad.
Lugar donde estuvo la choza que albergó a los monjes sembrada de flores y plátanos, producto traído a Santo Domingo por los Dominicos durante el 1516. 
Escultura Francisco de Vitoria gestor Derecho Internacional y de Gentes basado en el pensamiento humanista del realismo aristotélico-tomista levantada en Jardines Naciones Unidas.
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