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Eladio Fernández: «Trabajo para dar una mejor cara al patrimonio natural»

Eladio Fernández patrimonio natural

Fotos Luis Nova Asistente de fotografía Alex Jiménez Estilismo Mariela Peña Barrios Vestuario Harmont & Blaine y closet personal Agradecimientos Jardín Botánico Nacional Dr. Rafael María Moscoso

La Madre Tierra ha acogido en sus entrañas a un hijo que ha destinado su misión de vida en apoyar causas ecológicas, a través de su ingenio artístico que se plasma con su lente fotográfico, al mostrar las dos caras de la naturaleza: una que pone de manifiesto su belleza y la otra que lamentablemente denota su inminente peligro.

“Tengo la necesidad de aportar pequeñas acciones de conservación”.

La tarde de aquel viernes prometía un espectáculo visual sin igual, al sumergirnos en lo más recóndito del Jardín Botánico Nacional para, desde allí, contemplar la majestuosidad de los parajes naturales que allí se encuentran. Justamente íbamos a ser testigos de cómo un alma noble dejaba a entrever su más grande pasión: el preservar y conservar las especies de fauna y flora que conforman nuestro patrimonio natural. La cámara fotográfica de Eladio Fernández ha sido su fiel compañera durante su trayectoria profesional que se ha caracterizado por devolverle el esplendor a la Madre Tierra. Su impactante obra ha quedado plasmada en El Naturalista Isleño, documental que muestra su encomiable labor a favor de la biodiversidad, en busca de crear conciencia en cada uno de nosotros para que protejamos nuestra casa: el planeta Tierra. 

CONSERVACIONISTA.

RITMO SOCIAL: Evoquemos su experiencia en el último destino natural en el que estuvo realizando fotografías, ¿cómo fue lo vivido allí? 

ELADIO FERNÁNDEZ: Recientemente estuve en la sierra de Bahoruco trabajando en la segunda parte de El Naturalista Isleño, esta vez la historia era sobre una investigación que estamos haciendo sobre las orquídeas y sus polinizadores, en conjunto con James Ackerman, uno de los principales expertos en las orquídeas del Caribe. Los polinizadores de estas plantas son polillas nocturnas, y poder documentarlos implicó estar en unos bosques de árboles muy altos en la noche. Los olores, la humedad, el frío y el cielo lleno de estrellas te exponen a una experiencia totalmente diferente en la naturaleza. ¡Fue mágico!

RS: ¿Qué es lo que más le apasiona de estar constantemente inmerso entre la magnificencia de la Madre Tierra? 

EF: Daría la impresión que siempre estoy inmerso en la naturaleza porque son las historias que comparto, pero en realidad paso mucho tiempo –más del que quisiera– en Santo Domingo por trabajo y familia. Aun así, mi tiempo en la naturaleza es el que más disfruto. Las horas parecen minutos, mi mente se enfoca en lograr metas, me siento seguro, cómodo y productivo. Es un constante descubrir que no acaba.

RS: La gente suele ver la belleza natural plasmada en sus fotos, sin tener en cuenta el peligro que viven muchas de esas especies. ¿Cómo hace para rescatar lo que no se percibe a simple vista?

EF: La naturaleza es una moneda con dos caras. Todos los fotógrafos empezamos enfocados en mostrar la belleza de la naturaleza. Es lo que nos atrapa de entrada. Con el tiempo nos percatamos de que esa belleza está bajo amenaza, pero nunca consideramos que esa parte también es fotografiable. Toma hacer un cambio en nuestra programación para también fotografiar aquello que destruye la naturaleza. Una vez lo haces, descubres que hay una historia que se repite de diferentes formas: el hombre contra la naturaleza. Mostrar la historia completa, y no solo la belleza, tiene más valor porque sensibiliza y llama a accionar para proteger. Una foto linda de la naturaleza lo único que comunica es que no pasa nada malo en el mundo y esta no es la realidad.

RS: Desde su convicción, ¿cuáles aportes considera usted que ha realizado a favor del patrimonio natural del país? 

EF: He tratado de darle una cara a nuestro patrimonio natural y a los problemas que lo afectan. No conforme con tan solo usar una cámara para documentar, me he visto en la necesidad de involucrarme también para aportar pequeñas acciones de conservación. Nunca es suficiente, ya que la velocidad de deterioro de nuestros recursos naturales es mayor que la velocidad de recuperación.

“Toma hacer un cambio en nuestra programación para también fotografiar aquello que destruye la naturaleza. Una vez lo haces, descubres que hay una historia que se repite de diferentes formas: el hombre contra la naturaleza. Mostrar la historia completa, y no solo la belleza, tiene más valor porque sensibiliza y llama a accionar para proteger”.

RS: En noviembre del 2021, se estrenó el documental El Naturalista Isleño que hace una oda a su trabajo como fotógrafo conservacionista. ¿Cuál es el llamado que se hace en esta producción? 

EF: Nos tomó cuatro años filmar El Naturalista Isleño, pero logramos cubrir cuatro historias que muestran un lado desconocido para muchos de la naturaleza insular y de mi trabajo también. La gente siempre pregunta: “¿A qué te dedicas?”. La respuesta nunca es sencilla ni corta (risas). Creo que al final del documental mi trabajo se entiende mucho mejor. Lo importante es que cada una de las historias cierra con un mensaje positivo y eso es algo que necesitamos mucho hoy en día.

RS: Háblenos un poco de su experiencia de trabajar con tantos profesionales y ¿cómo fue el proceso de producción de este filme? 

EF: Tener una ley de cine en nuestro país hizo posible que pudiésemos realizar esta producción. La idea surgió de mis amigos Jake Kheel y Freddy Arturo Ginebra, quienes terminaron como productor ejecutivo y codirector respectivamente. Salimos juntos una vez con Rosanna Rivera precisamente a hacer unas fotos para Ritmo Social y durante ese viaje ellos se dieron cuenta que yo le caía atrás a todos los animalitos que nos pasaban por el lado con mi cámara. Ahí nació la idea de hacer una serie documental sobre mi trabajo como fotógrafo de conservación. 

También, tuve el honor de trabajar con Sebastián Cabrera, Andrés Miolán y Sofía Torres Prida, quienes estuvieron detrás de las cámaras como directores de fotografía. Andrés se rompió un ligamento de la rodilla durante el rodaje, así que él se ha entregado en cuerpo y alma al proyecto. Stephanie Briones fue asistente de dirección, Israel Cárdenas y Pablo Chea (de Aurora Studio) estuvieron a cargo de la postproducción. Todo el mundo apoyó este proyecto con mucho amor porque consideraron que era un trabajo importante. Dedicaron un sinfín de horas sin quejas, por lo cual les estoy sumamente agradecido. 

RS: En ese mismo tenor, ya sabemos que estarán trabajando en la parte 2 de El Naturalista Isleño. ¿Qué veremos en él? 

EF: Efectivamente, ya estamos trabajando en El Naturalista Isleño 2, que supongo tendrá otro título. Esta vez tenemos cuatro historias nuevas y mucho más potentes que las anteriores. Sin adelantar mucho, una de ellas tiene que ver con el proyecto de rescate de los flamencos de los hoteles y otra con tiburones. Estamos presentando a la Dirección General de Cine (DGCINE) un presupuesto ampliado que nos permitiría trabajar en esta vuelta con mayor apoyo técnico y un equipo de personas más grande.

“En el pasado hemos tenido gestiones ambientales que no han hecho un buen desempeño y que se caracterizaban por descuidar la atención al tráfico de especies, como son las iguanas, pericos, cotorras, cuervos y flamencos”.

RS: ¿Qué atractivos naturales se destacan en la Reserva Científica Ébano Verde y cuáles especies ha fotografiado en ese paraje? 

EF: Uno de los principales atractivos de la Reserva Científica de Ébano Verde es la gran población de “Magnolia pallescens” que esta tiene. Aunque se le conoce por el nombre común de ébano verde, en realidad, estos árboles son magnolias y nuestra isla cuenta con cinco especies endémicas y en peligro crítico. Una de las historias de “El Naturalista Isleño” tiene que ver con el trabajo que viene realizando la Fundación Progressio en pos del rescate de las magnolias de nuestra isla. Este era el sueño de su antiguo presidente, don Enrique Armenteros Rius, y he tenido la oportunidad de ayudar a cumplir su sueño gestionando la búsqueda y la conservación de estos árboles de flores tan carismáticas y fragrantes en Haití.

RS: Cuéntenos un poco sobre la historia del Refugio de Vida Silvestre la Furnia de Gurabo y qué especies de fauna y flora se encuentran allí. 

EF: Es una historia larga que empieza con don Fernando León. La Furnia de Gurabo es básicamente un cañón por donde pasa el río Gurabo, rodeado de bosque seco entre Mao y Monción. Era un lugar muy especial donde iban los cazadores de paloma, por la alta concentración de estos animales, durante los meses de reproducción. Estas palomas van en grandes cantidades a suplir su alimentación del calcio de las paredes del cañón. Al lugar de este fenómeno se le llama un “lamedero”. 

Con el paso de los años, don Fernando, quien era cazador asiduo de ese lugar, se percató de cómo los números de palomas se habían reducido dramáticamente y abogó por la conservación de ese lugar. Logró que el exministro de Medio Ambiente de aquella época, Jaime David Fernández Mirabal, designara el área como Refugio de Vida Silvestre y consecuentemente se prohibió la caza en ese lugar. Poner un alto a la caza en la Furnia de Gurabo ha representado un drástico incremento en el número de palomas moradas que frecuentan la zona cada día durante los meses de mayo a julio. Don Fernando donó los terrenos donde hoy hay una caseta de parques y un puesto militar. Dejó a sus hijos a cargo de dar seguimiento a su legado de protección, al igual que unos guardaparques independientes, que, hasta el día de hoy, sigue pagando la familia León Herbert.

La historia no termina ahí. Resulta que años más tarde la Furnia de Gurabo se ha convertido en un paraíso para los fotógrafos de aves, quienes, tras varios viajes exploratorios, han encontrado una inmensa población de raras aves nocturnas como lo son el pitanguá, el tórico y la bruja. En adición a esto, tras varias visitas con el personal del Jardín Botánico Nacional, hemos encontrado también una importante población de plantas amenazadas, reforzando todavía más la importancia de esta pequeña área protegida.

RS: ¿De qué manera ha aunado esfuerzos para lograr sacar a los flamencos de los complejos hoteleros que se exhiben a los turistas? 

EF: Es un proyecto de mecánica compleja que está por arrancar gracias a la participación del Viceministerio de Áreas Protegidas y Biodiversidad y Grupo Acción Ecológica. El problema no solo es resolver los flamencos en los hoteles, sino más bien, cómo parar efectivamente la captura en zonas como Montecristi y Oviedo. Hay que tener solución para todos los aspectos de esta problemática y no tan solo para un lado de esta. 

“La velocidad de deterioro de nuestros recursos naturales es mayor que la velocidad de recuperación”.

RS: ¿Cómo califica usted el hecho de la venta ilegal de especies en peligro de extinción y de que grupos turísticos utilicen especies de fauna para su beneficio? 

EF: En el pasado hemos tenido gestiones ambientales que no han hecho un buen desempeño y que se caracterizaban por descuidar la atención al tráfico de especies, como son las iguanas, pericos, cotorras, cuervos y flamencos. Si no es por la presión de los ambientalistas, lo que se hacía para enfrentar esa situación era poco. En esta ocasión, contamos con un Ministerio de Ambiente doliente y que quiere resolver problemas a pesar del poco presupuesto que maneja. ¡Eso ayuda un montón!

RS: Como asesor ambiental de la Fundación Propagas, cuéntenos, ¿de qué trata el proyecto de revisión de palmas? 

EF: La Fundación Propagas es de las pocas instituciones que invierte en la investigación científica, algo que necesita mucho apoyo en nuestro país. Uno de esos tantos proyectos es el de la revisión de las palmas de la Española que ejecutamos en conjunto con el Jardín Botánico Nacional, la Universidad de Gutenberg (Suecia) y el Jardín Botánico de Nueva York. Desde ya les anticipo que hay un número interesante de palmas nuevas que estaban a la vista de todos. Identificarlas es sumamente importante porque muchas tienen poblaciones muy reducidas que ameritan protección. 

RS: Tenemos entendido que tiene un proyecto para reforestar bosques en Haití, ya que una marca de modas internacional le está comprando la base para sus perfumes. Háblenos acerca de esa campaña. 

EF: Desde hace años apoyo con mi trabajo a Haiti National Trust y Societé Audubon d’Haiti, dos instituciones presididas por mi amigo Philippe Bayard en Haití. Una de ellas lleva un proyecto que busca rescatar ocho fragmentos de bosque primario en montañas. Hemos tenido un éxito increíble con uno de ellos, Grand Bois, que sale en nuestro documental. La compañía de moda y perfumes Yves Saint Laurent se ha interesado en apoyar la restauración de bosques y piensa hacer una donación enorme a Haiti National Trust. Ellos compran todo el vetiver de sus perfumes a Haití y quieren retribuir de alguna forma. Mucha gente no sabe esto, pero Haití es el segundo productor de vetiver del mundo. Para esos fines, Yves Saint Laurent me ha comprado el uso de una serie de fotos para la campaña y vamos a trabajar en un fotorreportaje pronto. Mantengan la sintonía…

RS: Recientemente, estuvo en Valle Nuevo y fotografió un bosque de pino criollo que precisamente se encuentra en peligro de extinción, ¿qué tan crítico para la biodiversidad nacional es esta amenaza? 

EF: Los bosques de pinos en altas montañas han sido abatidos histórica y recientemente por fuegos, algunos naturales y otros a manos del hombre. La incapacidad de enfrentar estos incendios con recursos y de manera rápida provoca que perdamos un montón de bosque de esta especie endémica y amenazada. Y no es solo el pino que perdemos. Hay un ave endémica, el pico cruzado, que ha evolucionado solamente para alimentarse de las semillas del pino. Si desaparecen grandes extensiones de pinos adultos, estas aves no tienen qué comer y se ven afectadas. Todo está entrelazado.

“Mi cámara fue la clave para el proyecto “Aristolochia”, ya que las fotos de las flores vivas nos permitieron percatarnos de que había toda una serie de estas que no habían sido descritas para la ciencia”.

RS: Como vicepresidente del Voluntariado del Jardín Botánico, ¿qué pilares fundamentan su gestión en esta institución? 

EF: El Voluntariado del Jardín Botánico Nacional es una nueva institución creada para brindar apoyo y soporte desde el sector privado. Lo preside mi amiga Francina Lama de Barletta, quien ha estado involucrada con el Jardín desde hace años a través de su mariposario. Tenemos un buen equipo y hasta ahora hemos apoyado mediante un levantamiento de todas las infraestructuras de esa institución, la gestión de eventos y actividades culturales, y próximamente estaremos ayudando a realizar la ampliación del herbario nacional, el cual es uno de los más importantes de la región. La cantidad de cosas por hacer allí es abrumadora y necesitamos el apoyo económico de todos, y todas las empresas que quieran colaborar.

RS: Sabemos que su repertorio bibliográfico consta de nueve libros de su autoría y uno de su coautoría. ¿Tiene pensado volver a escribir otro más? 

EF: Todavía me quedan unos cuantos libros pendientes, aunque estos quizás sean en formato digital. Tenemos uno pendiente con todas las nuevas “Aristolochia” que hemos estado describiendo últimamente.

RS: Ha encabezado importantes proyectos en medio ambiente, ¿cuál entiende que ha sido el más desafiante y, a la vez, más satisfactorio para usted? 

EF: Mi proyecto más desafiante ha sido el de las “Aristolochia”, un grupo de plantas trepadoras con flores eróticas. Gracias al apoyo de la Fundación Propagas, realizamos un estudio y revisión de las “Aristolochia” de La Española junto a colegas de la Universidad de Harvard. Mi cámara fue la clave para este proyecto, ya que las fotos de las flores vivas nos permitieron percatarnos de que había toda una serie de “Aristolochia” que no habían sido descritas para la ciencia. Al no ser botánico, pues recopilar toda la data para describir las mismas ha sido una tarea titánica. Escribir las descripciones todavía más. 

RS: ¿A través de los años, quiénes han apoyado su trabajo?

EF: Esto es sumamente importante para mí. Imagínense las ideas que propongo que suenan como locuras, pero que de alguna forma encuentran apoyo económico y se las logro llevar a cabo. Cosas tales como hacer un libro de la naturaleza de Jamaica o de Cuba, expediciones para salvar una magnolia en Haití, un estudio de las “Aristolochia” de La Española sin ser botánico, un documental sin ser cineasta, etc. Gracias a Dios que cuento con instituciones, tales como: la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, el Grupo SID, Implementos y Maquinarias, Fundación Propagas, Bonanza Dominicana/Mitsubishi, y un sinnúmero de amigos y amigas que, por alguna razón, confían en que estas locuras (muy bien calculadas), contribuyen al bien común, a la naturaleza y a la conservación. Sin ellos no tendría el cuerpo de trabajo y proyectos logrados que hasta ahora vengo realizando.

RS: ¿Entiende usted que la República Dominicana está despertando en materia medioambiental? 

EF: La República Dominicana tiene un movimiento ambiental fuerte, que se hace sentir ante cualquier amenaza. Aun así, tenemos que tener en cuenta que somos una isla, la mayor poblada (22 millones de personas entre Haití y República Dominicana) de las Antillas Mayores y eso pone presión sobre los recursos naturales. Cada vez son más frecuentes los conflictos por uso de suelos, secuestro de agua en altas elevaciones, robo de terrenos dentro de áreas protegidas, tumbas de bosque, extracción de materiales de construcción, agricultura y ganadería en altas montañas en detrimento de bosques donde se generan las aguas. A pesar de los avances en materia ambiental, todavía estamos reforestando con plantas introducidas e ignorando la protección de cuencas de ríos y presas. El aguacate se ha convertido en una plaga contra los bosques naturales y las variedades de café que se están sembrando requieren de pleno sol, ambos casos ya están pasando una gran factura en función de la producción de agua en nuestro país y nadie se atreve a ponerle la mano a esos temas. De igual forma, llegó el momento de revisar todos los viveros y planes de reforestación del país. Muchos de estos siguen cultivando plantas introducidas por encima de nuestras nativas maderables.

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