Eduardo Verástegui a sus 41 años, ha saboreado el éxito en todas las formas en que se lo ha propuesto. Su espíritu arriesgado y atrevido le han impedido que se deje seducir por el conformismo. Los retos, experiencias inesperadas, y un constante patrón que se repite de dejarse sorprender por la vida, le han granjeado sus mejores momentos, forjando una carrera envidiable. Desde muy pequeño sintió el deseo de comerse el mundo, de perderse en los recovecos de la vida, de darse el permiso de equivocarse, de caer, de probar… de adulto siguió este instinto y, pasando balance, se ha dado cuenta que todo ha valido la pena.

Eduardo Verastegui
Eduardo Verastegui

Sin embargo, hizo un alto en el camino y su vida dio un giro de 180 grados. Con su historia advierto que hay pocas personas que tienen la dicha de decir que en sus vidas hay un antes y un después luego de un acontecimiento positivo, Eduardo Verástegui es una de ellas. A pesar de la fama, el dinero, los jugosos contratos cinematográficos y las portadas de las más prestigiosas revistas, no eran suficientes para llenar el vacío existencial que embargaba su alma. Un buen día, salió el sol sobre su penumbra, e iluminó el camino de un joven que fue capaz de ir contracorriente, soslayando comodidades, rechazando todo lo que postula algo distinto a su fe y al Dios que le regaló la paz y la alegría que nadie más pudo darle. Desde entonces, ha vivido una revolución que ha tocado todas las áreas de su vida. Con su propia casa productora llamada “Metanoia”, se ha embarcado en la importante tarea de aportar, sanar y educar a través de historias cinematográficas que ya han dado frutos abundantes.

RS: Sé que hay un antes y un después en su vida. Me gustaría primero iniciar con el antes. ¿Cuáles son sus orígenes, cómo sale de México y llega a crear un nombre?
EV: Soy originario de una ciudad pequeña en Tamaulipas, México. Fui el primogénito de mis padres; luego vinieron tres hermanas. Me llaman Pepe, en mi casa, de apodo. El tema de incursionar en el arte se va dando poco a poco. A medida que iba creciendo, se iban agudizando la vocación. Mi padre quería que fuera abogado. Sin embargo, mi abuelo materno, Tomás Córdoba, fue guionista, y escribió una película llamada “Simitrio”, un filme que se volvió un clásico en México; la pasan el día del maestro. Mi abuelo también era pintor, chef, tenía inquietudes artísticas y, cuando lo iba a visitar, disfrutaba del olor al óleo, veía los cuadros pintados sin terminar, había ese ambiente artístico que disfrutaba. Los hermanos de mi papá, aunque ninguno de ellos se dedicaban al arte de manera profesional, todos tocaban la guitarra, cantaban, componían; había una influencia artística importante. En este ambiente, se crea en mí una especie de confusión sobre lo que iba a hacer. En un principio ganó el deseo de mi padre, hice dos semestres nada más porque no me hallaba siendo abogado; empezó a ganar más la balanza de querer mudarme a la ciudad de México a ver si descubría mi vocación.

Eduardo Verastegui
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RS: ¿Cómo digiere ese cambio, de haber vivido toda su vida en una ciudad pequeña y luego en una gran ciudad?
EV: En principio fue difícil, tenía 18 años, no sabía por donde empezar. Pensaba que llegaría a la ciudad y encontraría un set preparado para mí. Me encontré con una ciudad de millones de habitantes, donde nada era fácil. Un día antes de regresar a mi pueblo, mi abuela Alicia tenía un sobrino que estaba muy conectado al ámbito del entretenimiento y me anima a que le hable y me guíe. Me lleva a una reunión con unos guionistas y productores y me invita a hacer una audición y me quedo.

Esa fue la primera puerta que se abrió. Iba a un curso de iniciación de seis meses intensos en el CEA (Centro de Educación Artística). Entré becado, pero a la vez era insuficiente para mantenerme y entro a trabajar como bartender en una discoteca. Imagínate que no tomaba ni sabía preparar tragos; aproveché la oportunidad y aprendí de inmediato. Luego de esto, conocí a unos amigos que tenían una agencia de modelaje y mi economía se volvía más sólida. En el modelaje conocí a otro amigo que me comenta sobre el proyecto de crear el grupo musical Kairo y es aquí donde tengo que dejar lo anterior y dedicarme a esta oportunidad que se me presentaba.

RS: Esto me llama la atención pues muchos piensan que la vida del artista se hace de la noche a la mañana y escuchándole puedo advertir que no es así…
EV: Así mismo como dices, se abrieron puertas que nunca había soñado, la música no era algo que estaba dentro de mis planes. Sin embargo era muy tentador, me ofrecieron viajar por el mundo, fueron tres años de proyección increíble. Me convencieron y tuve que cancelar todo lo que estaba haciendo en ese momento para dedicarme al grupo. Sony Music nos grabó e hicimos una intensa gira por Latinoamérica y después de tres años y medio de estar en el grupo, vino otra etapa en mi vida donde quería hacer otras cosas. Me fui a Nueva York a vivir siete meses.

Eduardo Verastegui
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Me marché sin planearlo demasiado, me fui de aventura. Renté un estudio y, al cabo de siete meses, me llama una productora de México, ofreciéndome un personaje de una telenovela. Terminando esa novela, me llaman de la telenovela “Soñadoras”, luego vinieron otras más. Comencé a extrañar los conciertos, las giras, escuchar mis canciones en la radio, y es ahí cuando me voy a vivir a Miami; como capital de la música latina –para lo que quería hacer– era la meca. Grabo mi disco como solista. En un viaje a Los Ángeles para promocionar el disco, voy en el avión al lado de un gran ejecutivo de una importante productora cinematográfica, y me invita a hacer una película con Sofía Vergara llamada “Chasing Papi”.

RS: Veo que se da permiso para la aventura, hay un patrón que se repite en usted, es como si no tuviera miedo a lo desconocido… ¿Cómo lo hace?
EV: El camino de la aventura está lleno de sorpresas. Lo interesante es que me dejo sorprender. La otra opción es quedarte sentado y no vivir. Entiendo que es cuestión de personalidad. Tengo amigos que pueden escribir un libro de por qué no lanzarse. Tomo riesgos. Sí analizo las cosas, sin embargo, mi espíritu de aventura gana siempre. Esto me provoca felicidad, adrenalina, miedo… todo junto, me hace sentir vivo. Decía Aristóteles: “Aquel que no sacrifica su estabilidad por su felicidad, no merece ninguna de las dos”.

Eduardo Verastegui
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RS: ¿Qué significó para usted la película “Chasing Papi”? Creo que fue un parteaguas en su carrera profesional…
EV: Pues cuando me la ofrecieron, no quería porque no dominaba el inglés; me dijeron que no me preocupara porque el 90% de la película iba a estar dormido. Luego me preocupaba por las entrevistas, pero a pesar de todo me lancé. Siempre he sentido una mano que me empuja; dicen que así trabaja el Espíritu Santo. Te das cuenta de que no estás solo y luego de que estás dentro del lío, pues resuelves. Sin duda alguna, fue difícil, pues todo el mundo me hablaba en inglés y yo no entendía nada, estaba concentrado en hacer mi trabajo bien. Durante la grabación, me llaman para hacer un video con Jennifer López, además la portada de People en Español, repiten dos novelas mías en México; me llegó todo esto junto, pero te confieso que no lo pude disfrutar pues solo pensaba en salir airoso de esa película.

RS: ¿Cuál es su testimonio de vida? ¿Cómo conoce usted al Señor y en qué momento decide que es lo que anhelaba?
EV: Pues a pesar de tener toda la fama, el reconocimiento, las portadas de revistas, buenos contratos, no era feliz. Pensaba que lo tenía todo, vivía en Los Ángeles, tenía más de 20 personas trabajando conmigo, audiciones, teatro, y justo cuando me doy cuenta que estaba pasando todo esto que quería, había un vacío, sentía que nunca iba a ser suficiente, empecé –sin darme cuenta– a ser lo que un filósofo hace, a cuestionarlo todo, varias preguntas al día y no tenía respuestas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Para qué estoy aquí? ¿Para quién trabajo? ¿A quién sigo? Y un largo etcétera. Estaba totalmente perdido, mientras todo el mundo quería estar a mi lado, me sentía distraído, no entendía nada.

Es aquí que conozco a una profesora de inglés que me presentan para que me ayudara a reducir mi acento en las audiciones. Esta mujer llegó como si la estuviera pidiendo. Me ayudó a cuestionarme, pero de la manera correcta. No concebía que esta mujer estuviera más definida que yo, no era famosa, ni exitosa según mis parámetros, ¿cómo era posible que tuviera paz y que fuera feliz? Eso me hizo admirarla y, poco a poco la amistad comienza y ella inicia a cambiar mi vida. Utilizaba el método socrático y me di cuenta de las contradicciones que vivía.

RS: ¿Cómo entra a la Iglesia de manera conciente?
EV: Aunque mi amiga la profesora era religiosa, nunca me habló de religión, y esto fue lo que hizo que me ganara su confianza. El lenguaje que utilizaba conmigo me encantó. Por mi propia cuenta advierto que necesito algo más profundo que simples valores éticos, que me quedó muy claro, pero a la vez reconozco que la carne es débil, y sabía que ante cualquier oferta podía caer. Entiendo que necesitaba una fortaleza interna y una vida espiritual que me ayude para los momentos difíciles.

Es aquí que entro a la Iglesia de una manera más consciente; era católico de nombre, no conocía la Iglesia, ser católico para mí era ir a misa una vez al año. Dios no era el centro de mi vida, era parte, pero no el centro. Me fui dando cuenta que basándome en lo que mi fe me enseña, mentí, engañé, no fui tan bueno como pensaba. Advertí que en vez de utilizar mi tiempo para servir, lo hice para servirme; en lugar de organizar, hice lo contrario, todos los talentos que Dios me dio para limpiar y ayudar, lo que hacía era que ensuciaba, en vez de transmitir un mensaje que sane los corazones, lo hacia al revés. Me confesé, inicié con una nueva visión, un nuevo camino.

RS: ¿Qué opina del papa Francisco a quien ha tenido la oportunidad de conocer?
EV: Vivimos una época increíble, san Juan Pablo II, hizo cosas increíbles. Benedicto XVI es un gran teólogo, lo puedes notar en sus escritos. Sin embargo, ahora estamos viendo un papa de gestos, este es el papa de los ejemplos. Dicen que las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra. El lenguaje que utiliza Francisco me encanta y he aprendido mucho de él. No hay que ser religioso para entender las parábolas de Jesús y ese es mi objetivo, quiero que mi mensaje no solo llegue a los católicos, quiero que llegue a todo el mundo.

RS: ¿Cuáles son los proyectos en carpeta para este 2016? Tengo entendido que pronto iniciará una nueva película. ¿De qué se trata?
EV: Vamos a hacer una película que se llamará “María, Madre de Dios”, pero está diseñada para todos. Trata la historia de Herodes, del hombre más poderoso del mundo, enfermo de poder, queriendo matar a un bebé. Pronto iniciaremos la grabación y esto me tiene muy entusiasmado. Sigo trabajando, además, con mis fundaciones “Manto de Guadalupe” y “Seamos Héroes”, la primera esta en Estados Unidos y se dedica a ayudar adolescentes hispanas que salen embarazadas, para que saquen sus embarazos adelante, le damos lo mejor. Con la segunda, incentivamos a los jóvenes a ser la mejor versión de sus personas, alcanzando su máximo potencial. Creamos programas para todas las edades porque mientras estás vivo, estás llamado a ser un héroe. Y, ¿qué es un héroe? Es aquella persona que hace lo correcto en todo momento. Para ello necesitas fortaleza, que es una virtud, y una virtud es buen hábito que repites muchas veces y que te hace fuerte. ¿Qué es un vicio? Un mal hábito repetido muchas veces que te hace esclavo y, por lo tanto, débil.

RS: ¿Cómo inicia su propia empresa de producción cinematográfica?
EV: Me di cuenta que en Estados Unidos viven más de 55 millones de hispanos. Advertí que hay mucha gente que, para ellas, los latinos somos una amenaza porque vemos en el cine o en la televisión el estereotipo negativo del latino. Nos ponen como lo peor de lo peor. Nunca ponen a los héroes, no como Superman, sino héroes de todos los días. El hombre honrado, honesto, trabajador, que trata de echar adelante, gente íntegra, de valor. Cuando escucho estos temas en boca de los candidatos políticos, lo primero que hago es que, en vez de señalar, me pregunto qué estoy haciendo yo.

Es aquí que le hago una promesa, a Dios y a mis padres de que jamás volvería a hacer una película que ofendiera mi fe, mi familia o mi comunidad hispana. Por esta promesa me quedé sin trabajo cuatro años, porque todo lo que me ofrecían iba en contra de lo que quería. Cuando veo que no había ninguna posibilidad, monto mi productora de cine para producir mis proyectos con la misión de hacer de este mundo un mejor lugar, elevando la dignidad del ser humano a través de las historias que contamos. El primer fruto de esta misión fue “Bella”, una película que ganó varios festivales.

RS: Háblenos de su película “Little Boy”, he escuchado excelentes comentarios de esta producción, de hecho, ya está en Netflix…
EV: Fue el segundo fruto de esta misión. Una historia americana con un mensaje universal hecha por mexicanos, filmada en México. Salió el año pasado, rompió récords de taquillas, terminamos mostrando la película en hospitales y en los lugares más marginados. Con esta historia quisimos mostrar tres elementos que al ser humano no le pueden faltar; puedes perderlo todo, mientras no pierdas la fe, el amor y la esperanza.

RS: ¿Qué ha sido lo más difícil de vivir en gracia sobre todo siendo una figura pública que siempre está en el ojo del huracán, con la mirada del mundo encima?
EV: La familia es muy importante, casi todos trabajan conmigo. Tener buenos amigos y familia cerca es vital porque son los que te ayudan. Pero más importante, sin duda alguna, es tener a Dios como centro de tu vida, la parte espiritual. Trato de ir a misa y comulgar todos los días, eso es primordial. En la parte física y de salud, trato de ir al gimnasio siempre, así como tener el balance entre lo interno y externo.