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Cartier y las Artes del Islam como fuentes de la modernidad

Texto Marianne de Tolentino fotos Fuente externa

“París es una fiesta”, título de una novela de Hemingway, es una realidad, mayor aún en la época navideña, y cual un símbolo, la Avenida de los Campos Elíseos se convierte en esplendor de luces y colores. La gastronomía, las libaciones, las reuniones de familias y amigos alcanzan su máximo nivel, pero, sobre todo, las actividades artísticas nunca brillan tanto… y los museos “rivalizan” en sus exposiciones. 

La afluencia crece: es la fiesta de los públicos, ¡hasta acudir a los pocos museos abiertos el 25 de diciembre y primero de enero! La pandemia no descorazonó a los visitantes, aunque las entradas se controlaban, por grupos sucesivos, con máscaras y pasaporte sanitario en mano. 

Cartier y las Artes del Islam

El Museo del Louvre tuvo que “enfrentar” sus multitudes con la exigencia de reservaciones digitales. Así mismo, el Museo de las Artes Decorativas, situado en el recinto del Louvre, requería reservaciones previas para el acceso a la maravillosa exposición: “Cartier y las Artes del Islam como fuentes de la modernidad” 

La exposición Cartier

El Museo de las Artes Decorativas presenta una muestra singular, de estas exposiciones que se suelen celebrar a modo de primicia con obras de un valor y estética excepcional. Es “arte para llevar en el cuerpo”: el adorno corporal figura en los más grandes museos del mundo y constituye una categoría de las artes desde hace miles de años y por las más diversas civilizaciones. Su índole histórico y estético no se discute.

El fascinante acontecimiento –en francés– “Cartier et les arts de l’Islam, aux sources de la modernité”, resulta de una coproducción del Museo de las Artes Decorativas en París y del Dallas Museum of Modern Art en Estados Unidos. La preparación del evento tomó más de tres años… Tuvo en París como comisarios –función más amplia que la de curador–, a las conservadoras, especialistas del patrimonio, Evelyn Possémé y Judith Hénon-Raynaud. 

Su museografía es, a la vez, simple y espectacular. La colocación en vitrinas especiales perfectas evoca metafóricamente constelaciones en una suntuosa nocturnidad. 

Además, animaciones en 3D, proyectadas sobre pantallas gigantes, muestran el sigiloso proceso de realización de collares y pulseras, elegidos por su belleza ejemplar, entre ellos el famoso collar “Duquesa de Windsor”.

Una historia compleja

La exposición Cartier conlleva 500 piezas, entre joyas, objetos, miniaturas, bocetos, documentos únicos… Ofrece mucho más que un conjunto, sinónimo de lujo y refinamiento supremo.

Para valorar y aun comprender la extensión e intensidad de la exposición, se necesita conocer la historia del proceso emprendido desde el “affaire” familiar, la Maison Cartier, fundada en el siglo XIX, por Alfred Cartier. 

Luego, descendientes y colaboradores la desarrollaron con pasión e inteligencia. Verdaderos viajes de estudios a países orientales y a la India; adquisición de hermosas e insólitas piezas, motivaron las fuentes de inspiración desde el “arte musulmán”.

Luego, en aquella época, el Islam –como fuente de arte y cultura– estaba muy de moda en Francia: cuentos de Las Mil y Una Noches, ballet, miniaturas, telas y vestuario aun, las exposiciones se sucedían.

A raíz de los viajes y de una inmensa colección, bibliográfica incluida, Louis Cartier, investigador, erudito y dinámico, reorientó las joyas y los objetos finos de la Casa, en base al arte de Islam (entonces interpretado por los dibujantes), y les confirió una nueva modernidad. Otros familiares y destacados ejecutivos continuaron esta exaltante y exitosa tarea de apropiación durante décadas del siglo XX… y parcialmente hasta hoy: ¡vemos piezas del año 2000! 

Maravillas incontables

Solemos referirnos a las alhajas… y los visitantes las recuerdan especialmente por su vistosidad real-maravillosa. Sin embargo, hemos de incluir, presentados en este nuevo lenguaje estilístico, también objetos y accesorios de extraordinario refinamiento 

Las joyas demuestran una riqueza increíble de formas y colores: pueden sobresalir motivos sencillos y geométricos, o componerse de variaciones florales. Obviamente, la inspiración se abrió a un repertorio sin límites.

Referirse a los materiales implica pedrería y metales preciosos. El oro, el platino, las perlas, el diamante, la esmeralda, el zafiro, la amatista –a menudo– se suman, se alían, se combinan generosamente, y los quilates no se cuentan. ¡Lo importante es causar sensación y encantar! Todas las piedras preciosas se insertan como si fueran recursos naturales que brinda la tierra para convertirlos en tesoros.

Estamos contemplando joyas y objetos que se caracterizan por proponer una inspiración, una búsqueda, una innovación, culminando en piezas únicas y esmeradamente labradas gracias a una técnica misteriosa y absoluta. 

La perfección sublime pertenece a collares y brazaletes como a colgantes, anillos y alfileres: de pieza en pieza, de vitrina en vitrina, el encantamiento continúa… mostrando los modelos originales del Oriente y su “metamorfosis” por el virtuosismo de Cartier. Los diseños no se repiten, al compás de la fantasía, de la creatividad y de sus modelos, persas, hindúes, chinos aún, más o menos antiguos.

Cartier y las Artes del Islam
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