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Carlos Suárez practica el arte de la cetrería

Carlos Suárez

Fotos: Carlos Suárez y Ariel Contreras

NATURALISTA.

Un encuentro fortuito con un ave en el campo durante su infancia marcó el inicio de lo que sería su pasión de por vida. En aquel momento, Carlos Suárez quedó fascinado por tanta belleza que emanaba de ese pajarito que, sin saber, fijó en su horizonte lo que él sería en su adultez. No obstante, fue en la etapa de la adolescencia cuando entró en contacto directo con el mundo de la cetrería (el arte de cazar con aves rapaces a otras aves menores y cuya actividad es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO) y la conservación.

Gracias a su empeño por querer aprender sobre este oficio, fue guiado por el naturalista y maestro Félix Rodríguez. Desde ese entonces, él no se ha detenido en el estudio en la biología, ecología y psicología de esas especies de la avifauna. Si hacemos referencia a los aspectos que más le atraen de su profesión, nos cuenta lo siguiente: “La oportunidad de trabajar íntimamente con especies que usualmente solo se pueden apreciar en la distancia, explorar los secretos de la psicología de las aves rapaces, su relación con las demás especies y el medio donde habitan, entrar en contacto directo con la naturaleza, pasando de ser un simple espectador a tomar un papel activo en las dinámicas que se llevan a cabo cada día y que pasan desapercibidas al ojo no entrenado”.

Suárez forma parte de la entidad The Peregrine Fund, que centra sus esfuerzos en rescatar y conservar el Gavilán de la Española, especie que se vio al borde de la extinción por la caza indiscriminada, pérdida de hábitat y el parasitismo de una mosca. Este apasionado de la cetrería nos explica cómo debe ser la planificación para rescatar este tipo de aves, siendo el primer paso conocer las condiciones del ave en cuestión y un poco de su historia; segundo, la evaluación física a la que debe ser sometida por un médico veterinario con experiencia en aves. Tras este proceso, se analiza si serán destinadas a rehabilitación, por lo que durante ese período se recurre a mejorar el estado físico de las aves con rutinas de ejercicios que desarrollen el vuelo y su coordinación motora y se repara el daño ocasionado a las plumas que intervienen en el vuelo, para luego dejarlas en libertad. En caso de que no puedan ser liberadas, pues se entregan al Parque Zoológico Nacional o terminan como embajadores animales en programas de educación ambiental. En ese mismo contexto, nos contó que rescató a un gavilán al que cariñosamente le llamó Leo.

“Ese pollito de gavilán fue encontrado en Los Limones en malas condiciones; presentaba parasitación por larvas de mosca en diversos puntos de su cuerpo, una herida abierta en el ala derecha con gusanos y donde estaba perdiendo tejido; había perdido mucho peso pues había caído del nido antes de ser encontrado. Inicialmente estuvo en Los Limones bajo cuidado de los trabajadores de The Peregrine Fund, mientras se estabilizaba el ave y posteriormente fue trasladado por Eladio Fernández hasta mi residencia (parte de esto se encuentra en el documental El Naturalista Isleño), allí debía alimentar el ave varias veces al día mientras subía de peso, pues en esa etapa de desarrollo necesitaba muchos nutrientes; sus plumas se encontraban con mucho daño y tomó varias semanas limpiarlas con cuidado para no lastimar o interferir con el desarrollo de las mismas”.

En lo que concierne a sus proyectos de avifauna que trabaja en la actualidad, asegura que: “Inicialmente, educación ambiental en zonas de conflicto con especies amenazadas. Siendo la educación el pilar de la conservación, es sensato hacer lo que se encuentre a mi alcance para que nuestra población conozca la biodiversidad del país. Posteriormente, estaré compartiendo los pormenores del trabajo con las aves rapaces, es un mundo fascinante y quizás sirva de motivación a otros que deseen colaborar con la conservación de nuestras especies”.

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