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Beatriz Lodge de Oyarzábal y su idílica amistad con Óscar de la Renta

La poderosa dama que abrió las puertas de la moda universal a Óscar de la Renta.

Beatriz Lodge de Oyarzábal

Fotos: Fuente externa

La brisa de aquella noche de verano se tornaba cálida, cuando el calendario marcaba la fecha del 22 de junio de 1956, hace justamente 64 años, que el embajador más universal de la República Dominicana daba a conocer su obra en aguas extranjeras. Óscar de la Renta se abría paso en los escenarios más famosos del mundo. Un hito veía nacer su gloria.

Pero, como todo suceso tiene una historia detrás, vamos a rememorar cómo un hombre que salió de Quisqueya la Bella, con una maleta cargada de sueños, llegó a pasearse por las alfombras de los lugares más icónicos de la industria de la moda.

Beatriz Lodge de Oyarzábal

El palacete del Príncipe Pío, en Madrid, antigua residencia del embajador de Estados Unidos en España, John Davis Lodge, y su esposa, la exactriz italiana Francesca Braggiotti, sirvió de escenario para la celebración de la puesta de largo de su hija Beatriz Anna Cabot Lodge.

La “crema y nata” de toda España fue convidada a la ceremonia, donde se verían desfilar, en trajes de gala, a miembros de la nobleza castellana, los banqueros y la prensa local e internacional, quienes disfrutarían entre los suntuosos jardines de ese palacete señorial, aunque De la Renta no se codearía entre ellos, ya que su nombre no se vislumbraba en lista de los 550 distinguidos invitados, pero sí, su don creativo iba a robarse la mirada de los presentes, y de qué manera.

Beatriz Lodge de Oyarzábal

La “reina de la noche” tenía 18 años y lucía con garbo un vestido de tul en blanco roto, con dos capas y corsé de seda muy ceñido a su estilizada figura, diseño exquisito de nuestro Oscar, quien, para esa ocasión, con apenas 23 años, era un total desconocido en el mundo de la moda. Ese traje fue su pase directo a la fama mundial, porque tener de clienta a la hija del «hombre de Eisenhower en España» era un gran logro.

En palabras de la misma socialité: “En aquella época, Óscar era solo un aprendiz. La baronesa Aïno de Bodisco, amiga de mi madre, fue quien me lo presentó. Me dijo que era un chico con gran talento y que era el indicado para confeccionar mi traje”. Ella aún atesora en su memoria el primer encuentro que tuvo con ese novel artista de los diseños, quien fue a su casa y, como buen dominicano, impregnó en los que allí estaban el contagioso ritmo de nuestra música.

“Lo invitamos a casa y nos enseñó, a un grupo de amigos y a mí, a bailar merengue. Siendo de Santo Domingo, tenía una facilidad pasmosa para el ritmo. Ese ángulo tan simpático nos conquistó a todos”. Para el modisto, esa era la primera creación de talle largo que hacía en su atelier, lo que significaba un importante reto. “Mi vestido fue su primer traje largo. No le llevó mucho tiempo hacerlo. Era tan artista que en un mes lo tuvo listo. ¡Qué pena que no estuvo en la fiesta! Eran otros tiempos”, lamentaba de Oyarzábal, miembro de uno de los clanes más sofisticados y poderosos de los Estados Unidos que, para aquella época, eran conocidos como “los Kennedy republicanos”.

La fotografía que mostraba a Óscar de la Renta dando los toques finales al vestido de Beatriz le dio la vuelta al mundo por ser la portada de la revista “Life”, y allí comenzó el repunte del modisto criollo. “Le dimos un buen empujón a Óscar. A partir de ahí, muchas mujeres de la sociedad madrileña, que por entonces solo vestían de Cristóbal Balenciaga, Pedro Rodríguez y Manuel Pertegaz, comenzaron a hacerle encargos”.

Tiempo después, De la Renta ingresó a Eisa Costura, el taller de Balenciaga en Madrid, para luego trabajar en el estudio de Lanvin, en París, dirigido por el español Antonio del Castillo. Francesca, la madre de la debutante, quedó ensimismada con la hermosa pieza que su hija había llevado puesta, por lo que decidió presentarlo a su amiga Elizabeth Arden, quien lo recibió afablemente y hasta le brindó un espacio en su tienda de la Quinta Avenida, para vender sus icónicos trajes.

De ahí en adelante, lo demás ha sido historia, y de las buenas. Fue en 1965 cuando inauguró su propia boutique en la ciudad de Nueva York, cautivando a una gran clientela de la más sofisticada, destacándose Jacqueline Kennedy, Gloria Guinness, Marella Agnelli y C. Z. Guest. Para Lodge, el vestir de Óscar de la Renta era más que un privilegio, y eso lo demostraba en toda ocasión, cuando traía consigo una obra bajo su firma.

“Sus diseños me han acompañado por el mundo. Y una vez le dije: Mira Óscar, tus trajes no mueren nunca, siempre están de moda’’. Sin duda, una idílica relación entre clienta y diseñador que traspasó las esferas más altas de la sociedad.

Milagros De Jesús
Periodista, locutora y maestra de ceremonias. Amante de la escritura creativa y de las buenas historias.
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