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Ángel Sánchez: Celebra sus 35 años de trayectoria regresando a sus orígenes

Introspectivo.

Ángel Sánchez

Una mañana soleada de otoño, debajo de un árbol centenario, dos sillas encontradas y una mesa redonda que les separaba, estaban por hacer historia. Quizás la intención no era que simularan las dos manecillas del reloj, representando ese viaje reflexivo a través del tiempo, que estaban a instantes de emprender, pero lo hicieron. Con gotitas de café ya salpicadas sobre una hoja donde empezó a dibujar figurines, inició una conversación íntima, apasionante y muy honesta con Ángel Sánchez, quien este año celebra 35 años diseñando los vestidos de las princesas, celebridades y novias más elegantes del mundo

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Él brilló tan intensamente en su país como en New York y en cada parte del globo. Nació en Valera, Venezuela, el 07 de octubre de 1960. Está formado en la carrera de arquitectura, pero creció en “La Casa del Hilo”, la mercería de su mamá, quien era costurera. 

Grandes celebridades como Sandra Bullock, Eva Longoria, Taylor Swift, las misses de Venezuela, donde destaca Maite Delgado, han llevado sus diseños, así como también las novias más elegantes de todas partes del mundo, incluyendo la princesa Tatiana de Grecia.  

Sus desfiles en la semana de la moda de New York son inolvidables y sus colecciones conquistaron desde Neiman Marcus hasta Saks. Fue jurado en Project Runway Latinoamérica y es miembro del Consejo de Diseñadores de Moda de América, que promueve diseñadores estadounidenses en la economía global. 

En lo personal es sumamente autocrítico, y exigente consigo mismo. Y en sus inicios, algo impaciente. Dejó su profesión de arquitectura, por la moda, sin haberla desarrollado, porque como decía: “No espero a que se construya un edificio, prefiero construir un vestido”. 

Después de tres décadas y media de trayectoria, ha regresado a su origen, con una experiencia couture que dirige desde Miami, y una nueva compañía de diseño: Sánchez Coleman Studio; donde ejerce la arquitectura, con diseño de restaurantes, hoteles y un barco como misión en carpeta. Es Ángel Sánchez.

RS: Este año, se cumplen 35 años de carrera en la moda. ¿Cómo los estará celebrando?

Ángel Sánchez: Siempre he tratado de celebrar mi carrera ayudando de alguna manera. En esta ocasión será junto a la fundación venezolana LATAM FDF (Latam Freedom Development Foundation), que ayuda a los niños con necesidades de nutrición. Seleccioné 35 piezas, las más icónicas, una por colección, por año y 35 diseñadores emergentes se inspirarán cada uno en una de ellas, para crear una pieza nueva. Tienen esa libertad creativa de hacer una blusa, un pantalón, un zarcillo, lo que les motive. La curaduría estará hecha por seis editoras de distintas revistas internacionales, pero de origen venezolano como Vogue, Bazaar, Vanity Fair, etc., y un fotógrafo, también emergente, documentará todo a modo de editorial. Yo creo que esta revisión de estos 35 años, sin caer en autocomplacencia, es una revisión íntima y honesta de mi propio trabajo y todos los fondos percibidos irán a beneficio de la fundación. 

RS: Si fuera uno de estos emergentes, ¿cuál de sus colecciones recrearía?

ÁS: Creo que sería una de mis inicios. Colecciones que quisiera revisitar porque, de repente, quedó allí un mar por desarrollar. “Mujer con Zapatos Púrpura”, “Into de Light”… Aunque creo que sería “Floripondia”, que explora la cursilería latinoamericana, acompañada de una memoria musical: bolero, chachachá, que me recordaba a mi infancia y el sabor latino que, en cierta manera, intenté esconder al principio de mi carrera internacional y que hoy en día no me importa. Sé que quizás la voy a explorar con menos pudor, un poquito más relajado. 

Fue una de las colecciones más exitosas en Venezuela, el desfile fue con música en vivo de toda Latinoamérica, mientras la modelo se paseaba por la pasarela. Con ella fundamenté los códigos que siguen siendo los “trademark” de mi estilo: movimiento de las telas, colores más saturados, la esencia que el diseñador latino tiene en sus venas. 

“Yo creo que esta revisión de estos 35 años, sin caer en autocomplacencia es una revisión íntima y honesta de mi propio trabajo”. 

RS: Como autocrítico, ¿este ejercicio retrospectivo es común en usted?

ÁS: Revisito, pero pasa que, con la moda, me da mucho miedo repetirme, entonces yo siento que cuando uno mira mucho al pasado, te puedes quedar pegado. No te puedes repetir, cuando lo haces, empiezas a envejecer en tu propuesta. 

RS: Su madre fue, quizás, su primera maestra dentro de la industria. ¿Cuál fue su alcance dentro de esta gran historia?

ÁS: Mi primer sueldo como arquitecto me lo gasté comprando telas y mi mamá me construyó mis primeras ideas. Era costurera, empírica, que era lo común en esa época. Todo lo que sabía de moda hasta ese momento, lo aprendí por ella, viéndola trabajar, pero llegó un punto donde las exigencias del mercado me obligaron a prepararme más. Mi hermano también confeccionaba y fue parte de la firma, hasta que después se independizó. Y mi hermana fue la modelo y musa de mi primera colección, “Ángeles autosuficientes”. Es decir, que mi familia inmediata estuvo involucrada en esta primera etapa.

Abrí una primera tiendita, al lado de la Casa del Hilo, el espacio de mi mamá, se llamaba Ángel Atelier, era un mini cuartito, donde yo tenía mi colección. Pronto, menos de un año después, monté un estudio en la mezzanina donde yo trabajaba como arquitecto en Caracas, y ahí, junto a amigos contemporáneos a mí, que eran artistas, fotógrafos, diseñadores de máscaras y objetos, hice una pequeña galería donde mezclaba arte y moda. Fue una propuesta diferente. Pero a medida que esto fue creciendo, necesité también ampliar mis conocimientos, de una manera más profunda.

RS: ¿Cómo ocurre este proceso de preparación en la moda, para un arquitecto?

ÁS: Fue una época muy linda, porque tenía dos niveles de aprendizaje: el teórico/histórico y el práctico de la costura. Yo me sentaba con mi costurera a aprender y le decía: ¿cómo hacemos que este dobladillo quede mejor hecho?

Para mí, la moda era una narrativa que tenía que tener un hilo conductor, un concepto, y era muy parecido a lo que me enseñaron en la arquitectura. Cuando yo tenía que diseñar un monasterio, tenía que leer la historia de un monasterio, tenía que descubrir lo que significaba y plasmarlo.

En Venezuela había un diseñador de origen francés, que para mí era el Balenciaga de Venezuela, se llamaba Guy Meliet. Era el Dios de la costura venezolana, y yo les pedía a mis clientas que me prestaran sus vestidos por una semana, para yo abrirlos, descubrirlos, aprender. Él nunca quiso ser mi mentor, pero indirectamente lo fue. Porque yo revisé esas piezas con un cuidado y una devoción casi religiosa. Yo le soltaba los hilvanes, abría los forros, veía cómo entretelaba, cómo rellenaba las piezas cuando había que, cómo cortaba, cuál era el hilo correcto, porque la caída funcionaba. Él era un gran constructor y yo las devolvía reconstruidas, y nadie se daba cuenta. 

Yo aprendí la técnica y la historia y recomendaría mucho a los diseñadores emergentes que no la ignoren, que se apoyen de ellas. La historia está ahí y uno siempre recurre a ellas para revisar y reinventar, proponer nuevas ideas. Y la técnica, porque una muy buena idea, si no esta bien construida, no es buena en lo absoluto. 

RS: En una conversación con Maite Delgado, Miss y presentadora del Miss Venezuela a quien vestía cada año, dijo que en el momento en que dejaron a un lado la presión de tratar de llenar las expectativas de los demás y mostraron lo que querían mostrar, que era una moda más fresca, más moderna, les fue mucho mejor y estuvieron más cómodos en lo que estaban haciendo. ¿Qué tanto le funcionaría este consejo a un emergente? 

ÁS: Al iniciar una carrera, hay muchos miedos. El Miss Venezuela, en su momento, era una plataforma que era muy importante. Yo pienso que, como creativo, uno tiene que estar atento a lo que está pasando alrededor tuyo, ciertas tendencias, que te lleguen, no forzarte a aplicarlas en tu colección. Si te sientes identificado con una tendencia, hazlo. Pero si esa tendencia es por cumplir con eso, y lo montas sin sentirlo, no vas a poder hacerlo tuyo, se va a ver y sentir prestado. 

En los primeros años de mi carrera, no vi tendencias. Yo me inspiré en grandes clásicos: Balenciaga, el Cristóbal, Valentino, pero el del principio, Christian Lacroix, decorador, barroco… porque yo como arquitecto, que no conocía nada de la moda, tenía que documentarme, estudiarme la historia de la moda, la vida de diseñadores que yo admiraba y lo que hacían. Y recomendaría lo mismo.

RS: ¿De donde viene la inspiración para usted? 

ÁS: Surge fortuitamente. “Luna Luna” nació de un rechazo, de un no. Con “Mujer en Zapatos Púrpura” me inspiré en una modelo que quería homenajear, que era mi fitting model. Venía todos los miércoles a mi atelier y yo creaba sobre ella, pero ya se retiraba de la pasarela y, para despedirla, hice esta colección basada en el movimiento de sus caderas, de sus piernas, era la única de mis 22 modelos que llevaba zapatos purpuras siempre. “Fetiche” surgió después de ver una película sobre la sexualidad escondida, e hice esta colección fundamentada en mi fetiche con los cuellos de las mujeres, y me centré en eso. Es decir que, como te digo, surge… lo que debe tener presente un diseñador es que, una vez la tienes, esa idea, esa inspiración, tienes que ser firme con ella, no la puedes soltar; puede ser variante, pero sobre ese tema. Hay que ser coherente.

RS: ¿Qué significa el nombre para una colección?

ÁS: Es ponerle alma, personalidad. Darle sentido a una historia. A partir de ese momento, todo fluye: concepto, colores, telas. Es el punto de partida para mí.

RS: ¿Cuándo está un diseñador listo para salir, para internacionalizarse, y en qué momento llega usted a ese punto, donde decide dejar Venezuela para hacer carrera en Estados Unidos?

ÁS: Tenía casi nueve años sintiéndome querido y respetado en Venezuela, pero estaba ya queriéndome comparar. Me preguntaba si yo era tan bueno como me creía o como creía la gente. Estás listo cuando sientes que ya cumpliste una cuota de aprendizaje, cuando sientes que no hay retos, cuando sientes que no hay competencia… tienes que irte. Es muy arrogante lo que te estoy diciendo, pero tengo que ser honesto: sentía que no estaba compitiendo con nadie que me retara, sentía que estaba compitiendo conmigo mismo y me sentía frustrado. Estaba en un punto donde competía por calidad, pero no por ideas. Así que decidí irme, buscando esos retos, ese crecimiento. Soy pro competencia, me gusta sentirme retado y que hay personas mucho mejores que yo. Me fui primero a Miami y tampoco la conseguí, así que llegué a New York. 

Cuando fui a aquella reunión con Carolina Herrera y me rechazaron, y salí a esa calle dolido y veía esas vitrinas que me hablaban, vi y toqué en Bergdorf, en Valentino. Fue un recorrido importante, vi todas esas propuestas de moda internacional, y sentí que había llegado al lugar indicado.

RS: ¿Qué fue lo más retador, como diseñador, de iniciar carrera en el exterior con una marca ya establecida en un país ajeno a ese?

ÁS: Que tuve que deconstruir lo que aprendí en Venezuela, para construir lo que sería ahí. Trasladar mi central, mi producción, mi equipo, lo que había estado funcionando bien desde hacía años; tenía que transformarlo, procurando no perderme a mí mismo en el proceso. Pero valió la pena. 

RS: En sus inicios, las plataformas y enlaces estratégicos para la exposición de su trabajo fueron importantes. ¿Cómo las logró?

ÁS: Todo llegó natural. No me puedo quejar con las oportunidades que yo, como venezolano y como diseñador emergente, pude disfrutar. Diseñar para el Miss Universo fue una plataforma de proyección muy importante en ese momento. No teníamos semanas de la moda, pero cada quien presentaba, de manera individual, sus propuestas en pasarela. No me puedo quejar. Tuve los recursos de esa Venezuela hermosa con la que sueño. Me ofrecieron lugares tan hermosos como el Teresa Carreño para mis desfiles. Eran emblemáticos, acompañados de artistas, músicos, la filarmónica, y todo eso en una Venezuela que estaba muy abierta a la creatividad y a apoyar el talento. Hoy en día, y en ese sentido, los emergentes la tienen más difícil. 

Hoy en día buscaría un poco más de orientación, pero en ese momento llegó, porque estaban buscando talentos nuevos. Hoy en día hay muchísimas herramientas, la plataforma de Instagram es una de ellas. Pero hay un punto que se mantiene: los diseñadores independientes, sin un respaldo económico significativo, tienen que ser todólogos. 

RS: ¿Qué papel jugó Clara Salvatierra en su vida y porqué la considera su mecenas? 

ÁS: Clara Salvatierra fue mi primera clienta ya como Ángel Sánchez, el diseñador. Era esposa de un gran banquero venezolano, gente seria, honesta. Ella fue mi primera fan; me apoyó tanto, fue mi primera mentora, ella me compró casi toda mi colección. Como tenía tanta vida social, me hizo el gran PR de mi carrera, en Venezuela. Supo de mí a través de un amigo, que era arquitecto y que era su primo y le habló de mí. Me regaló las primeras tres máquinas de coser y me abrió mi primer gran taller, en su casa, que la había desocupado. Fue mi gran mecenas, siempre lo digo y lo agradezco eternamente. Ella está retirada y vive en Panamá. Es una gran persona que me ayudó muchísimo. Yo pienso que detrás de todo artista debe haber siempre una persona que se motive tanto por la obra de ese diseñador o ese artista, que haga lo que Clara hizo por mí. 

RS: ¿Se sintió en New York como se sintió alguna vez en Venezuela?

ÁS: Nunca me sentí así, y hasta cierto punto, creo que eso fue bueno. Podría hablarte de temporadas, de años donde me sentí seguro y que estaba en el camino correcto, y que tenía el respeto de la industria.  Quizás mi mejor momento fue cuando las celebridades Sandra Bullock y Meryl Streep llevaron mis diseños a sus encuentros más importantes. 

RS: ¿Por qué tantas especulaciones sobre un posible retiro del mundo de la moda?

ÁS: Porque cuando dejas de hacer colecciones, de estar tan presente en las semanas de la moda, tiene sentido esa sensación de que te estás yendo. Tampoco estoy tan encima de las redes sociales ni dando tanta “carne fresca” y nuevo material, porque ha habido una transformación en lo que hago; estoy más inmerso en los trabajos personalizados, debo pedir permiso a mis clientes para exponer estos diseños y mucho de este trabajo personalizado no lo publico.  Con la “Experiencia Couture”, que es mi eslogan y es lo que ofrezco ahora, se trata de una experiencia personalizada, íntima, entre mi cliente y yo, y así debe de quedarse de cara al mundo. También porque me mudé a Miami y estoy haciendo ahora arquitectura y diseño de interior, entonces las personas creen que me retiré.

Pero sí te soy honesto, hubo un momento en que pensé retirarme y fue justo antes de la pandemia. Dije: ¿Sabes qué? Yo quiero hacer las cosas a mi manera, y hacer estas colecciones sin sentido no es algo en lo que me veo. Pero vino la pandemia y eso me ayudó a revisar un poco hacia adentro. A inicios de año, comenzaron a llamarme, a motivarme de nuevo, y me di cuenta que no es un tema de retirarse, es un tema de inventar y crear las reglas de cómo quiero yo hacer las cosas ahora. Así que cambié el juego: no estoy aceptando muchas órdenes, he modificado mi relación con las tiendas donde tengo mi propuesta de “Ready to Wear”, sin cerrar puertas. Estoy más entusiasmado y me motiva hacer colecciones cápsulas cada tres o cuatro meses de seis a ocho piezas y sin la presión del mercado.

RS: ¿Volvería a presentar en una semana de la moda? 

ÁS: Yo sí, creo que sí, pero no grande. Yo pienso que menos es más. Que la gente siempre se quede con ganas de ver un poco más. 

RS: ¿Qué le motivó a venir a Santo Domingo?

Que lo necesitaba emocionalmente. Vine para el RD Fashion Week como espectador, necesitaba ver nuevos talentos, proyectarme en estos jóvenes que muestran con aciertos y errores, como lo hice yo, y como hay que hacerlo cuando uno está nuevo, y me ha ayudado en este camino de introspección y revisión.

RS: ¿Podría estar haciendo lo que está haciendo hasta el día que pase a otra vida? 

ÁS: Yo voy a ser como Oscar, me voy a morir trabajando.

RS: Si tuviera que empezar desde cero hoy, ¿cómo lo haría?

ÁS: Apoyándome de las nuevas plataformas, de la tecnología, sin lugar a dudas; pero siendo exigente conmigo mismo y trabajando, igual de arduo, como lo he hecho siempre. 

Natalia Nachon
Coordinadora Editorial de Ritmo Social, Editora de Ritmo Platinum y Columnista de moda y lujo en #PSITSFANCY.
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